Prostitución forzada, armas y cocaína: desmantelada en Murcia una red que explotaba a mujeres extranjeras sin papeles

La Policía Nacional libera a 32 mujeres extranjeras en situación irregular que eran explotadas sexualmente en varios locales de la Región de Murcia. Hay 14 detenidos y cuatro encarcelados.

Dinero en bolsas, drogas, armas, joyas, vigilancia 24/7, prostitución forzada y explotación laboral. La Región de Murcia vuelve a aparecer en el mapa del crimen organizado con una operación policial que hiela la sangre. La Policía Nacional y la Agencia Tributaria han desarticulado una organización criminal que utilizaba clubs de alterne y otros negocios como hoteles y cafeterías como tapadera para esclavizar a mujeres extranjeras en situación irregular. El negocio incluía drogas, blanqueo y explotación laboral.

Un total de 32 víctimas de explotación sexual y cinco personas más en condiciones de semiesclavitud laboral han sido liberadas. Catorce personas han sido detenidas, y cuatro ya están en prisión.

Una red perfectamente estructurada y jerarquizada

La organización desmantelada no actuaba al azar: se trataba de una red criminal bien estructurada, con funciones repartidas entre sus miembros. Algunos se encargaban del control físico de las mujeres, otros de la logística de los locales, y otros del movimiento del dinero en efectivo y del blanqueo. Varios de los detenidos eran titulares de negocios utilizados como fachada para encubrir la actividad delictiva.

Un infierno a puerta cerrada

El operativo, dirigido por el Juzgado de Instrucción número 1 de Cartagena, se ha materializado tras más de un año de investigación. La red operaba desde diversos locales repartidos por la Región, y según fuentes policiales, mantenía a las mujeres “bajo control permanente, con vigilancia las 24 horas del día, sin apenas descanso, y bajo amenazas incluso con armas de fuego”.

Las víctimas eran obligadas a ejercer la prostitución los siete días de la semana, a vender alcohol y también drogas a los clientes. No sólo eso: debían costear de su bolsillo el suministro eléctrico, la limpieza, las sábanas y demás gastos del local. Quien se rebelaba, era multada. Un sistema de explotación profesionalizado, sin concesiones, y que recuerda demasiado a prácticas propias de la trata de seres humanos con fines de esclavitud sexual.

Según la investigación, las víctimas no sólo eran vigiladas constantemente, sino que vivían bajo un clima de amenaza permanente. Algunas fueron intimidadas con armas de fuego, una estrategia deliberada para impedir que escaparan o denunciaran. La coacción no era sólo física: también se ejercía mediante deudas falsas, amenazas de deportación y aislamiento social.

Explotación laboral en paralelo

Además de la explotación sexual, el operativo reveló otro frente de esclavitud moderna: la laboral. Cinco personas estaban siendo forzadas a trabajar en los locales en condiciones extremas, sin contrato ni derechos, completamente fuera del radar legal. Algunos de estos trabajadores eran utilizados en tareas de limpieza, cocina o mantenimiento de los locales, en jornadas interminables y sin salario regular.

Dinero negro, cocaína, coches de lujo

Los registros -cinco en total, en domicilios y establecimientos abiertos al público- no dejan lugar a dudas sobre la magnitud del negocio criminal: más de 780.000 euros en efectivo, más de un kilo de cocaína, marihuana, armas de fuego, una decena de vehículos de alta gama, joyas, relojes de lujo… Una economía paralela, alimentada a base de sufrimiento humano.

Como resultado de la operación, se ha ordenado el cierre inmediato de varios establecimientos: un hotel, una sala de ocio nocturno y una cafetería. El juzgado también ha dictado el embargo preventivo de cuentas bancarias y la prohibición de vender inmuebles o vehículos de los implicados, para evitar la desaparición del patrimonio ilícito.

Cargos graves y medidas cautelares

A los detenidos se les imputan delitos de organización criminal, prostitución coactiva, agresión sexual, delitos contra los derechos de los trabajadores, favorecimiento de la inmigración ilegal, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas y blanqueo de capitales. Un catálogo que lo dice todo.

De los cinco principales investigados que ya han pasado a disposición judicial, cuatro ingresaron en prisión provisional. Actualmente, dos permanecen en la cárcel, mientras que los otros tres están en libertad con medidas cautelares: prohibición de salir del país, retirada del pasaporte y comparecencias periódicas ante el juzgado.

Las mujeres liberadas han sido atendidas por APRAMP (Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida), una ONG con experiencia en acompañar a víctimas de trata y explotación sexual. Como suele ocurrir, fueron las únicas que estuvieron a pie de calle para prestar asistencia psicológica, social y legal. El Estado persigue el delito, pero en la práctica son entidades sociales como APRAMP las que sostienen a las supervivientes cuando el foco mediático se apaga.

Este caso vuelve a evidenciar que la Región de Murcia es territorio fértil para redes criminales de explotación, especialmente en sectores donde la precariedad, la irregularidad administrativa y la invisibilidad social se dan la mano. Clubs de alterne, locales nocturnos, hostelería y servicios de limpieza son los entornos más comunes donde florece esta miseria organizada.

También deja preguntas incómodas sin responder: ¿Cómo han operado durante tanto tiempo sin ser detectados? ¿Cuántas víctimas más hay que aún no se han liberado? ¿Qué controles ha habido (si los hubo) por parte de las autoridades locales sobre los locales implicados: un hotel, una sala de ocio nocturno y una cafetería?

¿Por qué no se hacen públicos los nombres de los locales donde se ha explotado a mujeres y trabajadores? ¿Cuántos siguen abiertos, con los mismos propietarios o testaferros?


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