Con apretones de manos, sonrisas congeladas y una bandera de fondo más grande que el Mar Menor en pleamar, PP y VOX han sellado su acuerdo para los Presupuestos de la Región de Murcia de 2025. El pacto garantiza una gestión firme, sin sobresaltos progresistas, sin ecologismos desbocados y con más gasto en identidad que en sanidad.
“Son unas cuentas con alma murciana, columna vertebral hispánica y rodilleras para rezar con seguridad jurídica”, ha explicado el portavoz de VOX, que ha confirmado que todo se negoció con normalidad, “salvo cuando se propuso usar la palabra igualdad, que nos hizo parar para ventilar”.
Recortes quirúrgicos: menos derechos, más orden
Entre las medidas clave del acuerdo figura el cierre del centro de MENAs de Santa Cruz, que será reconvertido en el Centro Regional de Recuperación de Valores No Cuestionados, donde escolares podrán aprender a respetar la patria, la autoridad y el croché sin connotaciones ideológicas.
También se recortarán los fondos destinados a sindicatos y patronal por su participación institucional. “La democracia no se gasta en reuniones, se defiende en silencio”, ha afirmado un alto cargo popular mientras encendía una vela con el logo de la CARM.
El portavoz de CROEM ha mostrado su disconformidad brevemente, hasta que le recordaron que sigue pendiente de aprobarse una recalificación estratégica en el Campo de Cartagena. A partir de ahí, todo aplausos.
Mar Menor: menos personalidad, más obediencia
Otro de los logros del pacto es la reforma de la Ley del Mar Menor, que eliminará su personalidad jurídica y su capacidad de “seguir quejándose como si tuviera derechos humanos”. Según fuentes del Ejecutivo, la nueva versión será “más ligera, más amable y, sobre todo, menos molesta”.
“El Mar Menor tiene que entender que su papel es existir sin hacer preguntas”, declaró un diputado regional de VOX. “Si el Mar Menor quiere derechos, que se afilie. Aquí no hay excepciones”, declaro otro diputado de VOX, mientras rociaba su camiseta con ambientador de pino.
La nueva ley contempla sustituir las sanciones a regantes ilegales por tarjetas amarillas educativas, e incluirá un apartado sobre el “uso estético de la biomasa como expresión cultural”.
Según el PP, los presupuestos consolidan “el modelo murciano de éxito”, que consiste básicamente en gestionar la escasez como si fuera virtud y la regresión ecológica como si fuera soberanía.
En materia medioambiental, el pacto compromete al Gobierno a seguir sacando algas “con intensidad emocional” y a eliminar de los textos legales términos sospechosos como “eutrofización”, “ecosistema” y “ciencia”.
“Son presupuestos valientes, murcianos, cristianos y en castellano”, ha resumido el portavoz de VOX. El PP ha asentido en bloque, mientras CROEM aplaudía desde una sala contigua donde ya estaban redactando la próxima ley que simplifica lo ya simplificado.
Identidad y futuro: la inversión que sí importa
Los Presupuestos destinarán 16 millones a “fomentar el amor murciano a Murcia”, incluyendo documentales, festivales, procesiones, pasacalles de virtudes tradicionales y un nuevo programa educativo piloto: «Valores Murcianos para la Vida Moderna sin Feminismos ni Ostias».
También habrá 5 millones más para seguridad, especialmente en pedanías “donde la sensación de amenaza ideológica supera los datos objetivos”. Parte del fondo se usará en helicópteros con megafonía que emitirán frases como “La Región está a salvo” y “No hay menas en su zona”.
El Gobierno regional concluye: “Hemos construido un presupuesto que mira al futuro con la serenidad de quien ya ha decidido lo que va a ignorar.”
La oposición observa, la ciudadanía bosteza
Desde la oposición, algunos califican el pacto de “retroceso institucional con olor a rancio”, aunque admiten que el texto está tan bien blindado que ni la ironía logra penetrarlo. “Esto no es un presupuesto. Es un manifiesto con numeritos”, ha declarado una diputada entre resignación y carajillo.
Los ciudadanos, por su parte, han reaccionado con una mezcla de indiferencia, sarcasmo y algo de miedo. “Mientras no toquen los festivos, que hagan lo que quieran”, ha dicho un murciano medio, camino del trabajo y con auriculares para no enterarse.