Parásitos intestinales revelan la existencia de letrinas medievales en pisos superiores de un hostal andalusí

Un estudio paleoparasitológico liderado por la Universidad de Murcia confirma por primera vez la existencia de baños en pisos superiores de un funduq islámico

Murcia ha dejado al descubierto no solo un pedazo de su pasado andalusí, sino también las tripas del urbanismo islámico medieval. Y lo ha hecho gracias a los parásitos intestinales. Sí, huevos de lombrices y tricocéfalos atrapados en el barro de unas antiguas tuberías han sido la clave para identificar antiguos sistemas de evacuación en un funduq (hostal o alhóndiga) de los siglos XII-XIII, excavado en el yacimiento de San Esteban, en pleno centro de la ciudad.

El hallazgo, publicado en la revista Journal of Archaeological Science, ha sido liderado por la Universidad de Murcia (UMU), en colaboración con las universidades de Granada, Évora (Portugal), Borgoña y Franche-Comté (Francia), y Sassari (Italia). En el equipo destacan Alicia Hernández-Robles y Jorge A. Eiroa, del grupo de Arqueología y Patrimonio del Mediterráneo Occidental de la UMU, quienes llevan años desenterrando la historia andalusí de la ciudad.

Parásitos que hablan

El estudio se enmarca en una disciplina aún poco conocida: la paleoparasitología, que analiza restos de parásitos en contextos arqueológicos. En este caso, se centraron en el llamado “Recinto I” del yacimiento, el edificio más grande identificado hasta ahora en San Esteban y catalogado como un funduq islámico.

Mediante técnicas microscópicas, el equipo examinó sedimentos extraídos de varias tuberías del inmueble. En dos de ellas, encontraron huevos de Ascaris lumbricoides (lombriz intestinal) y Trichuris trichiura (tricocéfalo), parásitos que solo se transmiten por contacto fecal, lo que confirma que esas canalizaciones evacuaban excrementos humanos.

Pero lo más llamativo fue que estas dos tuberías no estaban conectadas con ninguna estancia de la planta baja. ¿Entonces? La hipótesis más sólida: que sirvieran para evacuar las heces de unas letrinas situadas en un piso superior, del que no quedan restos visibles. Es decir, baños en altura, como en los palacios. Según explica Alicia Hernández-Robles, es la primera vez que una evidencia paleoparasitológica respalda empíricamente esta posibilidad en edificaciones islámicas de la península.

“Lo que hasta ahora era una hipótesis arquitectónica, ahora tiene respaldo biológico”, afirma la investigadora.

Mirar más allá de lo visible

Este descubrimiento no solo revaloriza el yacimiento de San Esteban, sino que abre una nueva vía de interpretación arqueológica basada en indicios invisibles a simple vista. Gracias a la biología microscópica, los arqueólogos pueden reconstruir aspectos del día a día de hace casi mil años: cómo se distribuían los espacios, cómo se gestionaban las aguas residuales, cómo se diseñaban los edificios para alojar a personas y animales en tránsito.

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