¿Y si una costumbre tan cotidiana como masticar siempre por el mismo lado pudiera alterar la forma de tu nariz? Esa es la sorprendente conclusión preliminar a la que ha llegado un equipo de investigación de la Universidad de Murcia (UMU), tras analizar la relación entre la masticación unilateral y la asimetría nasal. El hallazgo, publicado en la revista Journal of Clinical Medicine (cuartil Q1), plantea una nueva hipótesis: los hábitos masticatorios podrían influir en la anatomía respiratoria.
“Detectamos una asociación significativa entre el lado preferido para masticar y una mayor estrechez de la fosa nasal del mismo lado”, explica Miguel Ramón Pecci-Lloret, autor principal del estudio.
La investigación, que forma parte de la tesis doctoral de Carmen María García Sampedro, ha sido dirigida por Pecci-Lloret y Julia Guerrero-Gironés, del grupo de Gerodontología y Odontología para Pacientes con Necesidades Especiales de la UMU, con la colaboración del odontólogo Emilio López-Jiménez.
Narices torcidas, ¿por culpa de los dientes?
El estudio analizó a 24 adultos sanos (sin tratamientos de ortodoncia ni piezas dentales perdidas), evaluando el lado habitual de masticación -determinado por autoinforme y observación con chicle- y la simetría de las fosas nasales mediante fotografías evaluadas por observadores independientes, usando el software ImageJ®.
Los resultados fueron llamativos: el 100% de los participantes que preferían masticar por el lado izquierdo tenían una fosa nasal izquierda más estrecha, y el 83% de quienes masticaban por el lado derecho presentaban una fosa nasal derecha más reducida. El análisis estadístico mostró una relación significativa.
Aunque se trata de un estudio piloto, los autores apuntan que este patrón repetido podría tener consecuencias no solo funcionales (como dificultades respiratorias leves), sino también anatómicas o estéticas. Y lo más inquietante: podría pasar desapercibido durante años.
“Muchas veces respiramos peor por un lado de la nariz y ni nos damos cuenta, porque es un proceso progresivo”, señala Pecci-Lloret.
Un cuerpo conectado
La investigación se enmarca en un enfoque cada vez más multidisciplinar de la salud: la idea de que pequeños hábitos cotidianos pueden tener consecuencias sistémicas. En este caso, lo que empieza en la boca podría afectar también a la cara, la respiración, la postura e incluso la autoestima.
Estudios previos ya habían asociado la masticación unilateral con trastornos temporomandibulares, asimetrías craneofaciales o incluso con la escoliosis. Lo novedoso aquí es el foco en las vías respiratorias.
“Este hallazgo abre nuevas líneas de investigación no solo en odontología, sino en otorrinolaringología y ortopedia craneofacial”, apunta Guerrero-Gironés. “Hablar de masticación ya no es solo hablar de dientes”.
Además de las implicaciones clínicas, el equipo señala posibles consecuencias estéticas. Las desviaciones nasales, incluso leves, afectan a la armonía facial y pueden tener impacto emocional en los pacientes.
Los investigadores reconocen las limitaciones de su trabajo: la muestra es pequeña, no se realizaron escáneres que descarten otras causas anatómicas (como desviaciones del tabique), y el estudio es transversal, por lo que no permite establecer una relación causa-efecto.
Pero la hipótesis queda planteada: ¿puede el hábito de masticar siempre por el mismo lado modificar, con los años, estructuras como la nariz? Y si es así, ¿podría revertirse fomentando una masticación más equilibrada?
Mientras buscan financiación para continuar con estudios longitudinales más amplios, el equipo lanza un consejo sencillo: alternar el lado de masticación y prestar atención a nuestras costumbres más automáticas podría ser una pequeña inversión en salud a largo plazo.