No son ajenos. No son apáticos. No están “en su mundo”. Los niños, niñas y adolescentes de este país observan lo que pasa y tienen una opinión clara al respecto. El Barómetro de Opinión de Infancia y Adolescencia 2023-2024, publicado por UNICEF España en colaboración con la Universidad de Sevilla, ha escuchado la voz de más de 15.000 chicos y chicas de entre 11 y 18 años. El resultado es un informe imprescindible que, sin filtros ni maquillajes, pone sobre la mesa cómo ven ellos la situación del país, qué les inquieta y qué esperan del futuro. La conclusión no es optimista: nuestros hijos están preocupados. Y con razón.
La economía, primera preocupación social y personal
Por primera vez desde que existe este barómetro, la economía aparece como la principal preocupación tanto de la sociedad (según ellos) como a nivel personal. El 34,7% cree que lo que más preocupa a la sociedad española es la situación económica, y un 18,2% afirma que es también su mayor preocupación personal. Esta cifra crece con la edad: entre los adolescentes de 17 a 18 años, la economía y el empleo son los temas que más angustia generan.
En segundo lugar, aparece la contaminación y el medio ambiente (13,6%) y, en tercero, la guerra (7,4%). La COVID-19, que en 2020-21 copaba el 40% de las respuestas, ha desaparecido del radar.
Por género, hay diferencias claras: la economía preocupa más a las chicas (20,2%), mientras que la política inquieta más a los chicos (8,7%). La preocupación medioambiental desciende a medida que aumenta la edad: mientras que el 23,2% de los chicos y chicas de 11-12 años la mencionan, solo lo hace un 2% entre los de 17-18.
¿Qué les da miedo? Abusos, bullying y salud mental
Cuando se les ofrece una lista cerrada de 30 problemas, casi 9 de cada 10 se declaran muy o bastante preocupados por los abusos sexuales a niños y niñas. Le siguen el hambre y la pobreza extrema en el mundo (84,9%), las guerras y conflictos internacionales (84,6%), el rendimiento escolar (83,1%) y el acoso escolar y ciberacoso (82,6%).
La preocupación por la salud mental también es elevada: el 77,8% afirma estar muy o bastante preocupado por la depresión, ansiedad y otros problemas psicológicos entre menores. El dato habla por sí solo. Y, sin embargo, este asunto ha bajado posiciones en el ranking respecto a ediciones anteriores, un descenso que debería alarmarnos.
Más preocupante aún es el retroceso en cuestiones de género: la preocupación por el machismo y la violencia de género cae al puesto 15, tras haber sido la principal en 2019. Entonces el 89,1% decía estar muy o bastante preocupado. Hoy son un 72,7%. Entre las chicas, sigue siendo muy alta (84,9%), pero entre los chicos baja a un 60%.
Mala nota para la política
Casi la mitad de los adolescentes (40,5%) cree que la situación política y económica de España es “mala o muy mala”. Solo un 10,7% se atreve a decir que es “buena o muy buena”. En cambio, la percepción de la situación en su localidad mejora ligeramente: un 31% la valora positivamente y solo un 18,4% la ve con pesimismo.
La brecha crece con la edad: entre los más pequeños (11-12 años), el 33,1% opina que la situación general es mala; entre los mayores (17-18 años), el porcentaje sube al 54,8%. Además, a menor edad, mayor es el número de adolescentes que responde con un “no sé”.
Un suspenso rotundo: los políticos y las instituciones
En una escala del 1 al 10, los partidos y representantes políticos son la institución peor valorada: apenas alcanzan una media de 3,9 puntos. A años luz se sitúan la universidad (8,14), la sanidad pública (7,97), los científicos (7,96) y las ONG (7,75). Hasta el Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado inspiran más confianza que quienes toman decisiones por ellos.
Cuando se les pregunta por qué no confían en los políticos, un abrumador 64,2% responde que “la mayoría son corruptos”. Solo un 2,7% piensa que la política no les afecta. No hay desinterés: hay decepción. Y es sistémica.
Quieren participar, pero no en partidos
El 90% ha votado a su delegado de clase alguna vez. El 80% ha debatido activamente en clase. Hasta ahí, bien. Pero solo un 10% ha participado en organizaciones juveniles vinculadas a partidos políticos. Y no parece que vaya a mejorar: apenas el 7,8% considera probable implicarse políticamente en el futuro.
En cambio, hay más interés en causas sociales: el 29,4% quiere colaborar con asociaciones para proteger a los animales, el 22% en temas de salud y seguridad comunitaria, y el 20% quiere resolver problemas de su entorno.
Eso sí, las chicas muestran mayor predisposición a implicarse en casi todas las actividades sociales y cívicas, excepto en militar en partidos políticos, donde los chicos las superan.
Desigualdad y estereotipos que persisten
El informe refleja un repunte preocupante de los estereotipos de género. El 33,2% cree que “velar por la seguridad, prevenir delitos y perseguir el crimen” es cosa de hombres. Un 19% considera que “limpiar casas” es una tarea femenina. Y el 7,7% piensa que curar y cuidar a enfermos también lo es.
Los chicos son los que más reproducen estos estereotipos: en todos los casos, duplican o cuadruplican las cifras de las chicas. Además, el nivel adquisitivo influye: quienes provienen de familias con mayor poder adquisitivo presentan mayores sesgos de género en algunas profesiones.
Información: más influencers que medios
El Barómetro también pregunta cómo se informan los adolescentes. La televisión sigue siendo la fuente principal de información (28,5%), seguida muy de cerca por los influencers en redes sociales (27,7%). Solo un 19% sigue a periodistas o medios oficiales, y menos del 10% comparte o comenta temas de actualidad.
Esto plantea una cuestión clave: ¿quién está moldeando la opinión pública de los más jóvenes? ¿Qué tipo de mensajes están recibiendo, y con qué filtros?
La generación que mira, escucha y no calla
Este informe desmonta el tópico del adolescente ensimismado, ajeno al mundo. La infancia y la adolescencia de hoy se preocupa por lo que pasa, sufre por lo que ve y no duda en señalar lo que considera injusto. Tienen voz, argumentos y conciencia social. Lo que no tienen es representación.
Si alguien aún duda de la madurez cívica de nuestros hijos e hijas, que lea este Barómetro. Porque es más que una encuesta: es una radiografía social, una señal de alarma y una oportunidad para dejar de fallarles.