El último sondeo encargado por el PSRM-PSOE ha revelado una tendencia “consistente y estable hacia la nada”, situando al partido entre la irrelevancia parlamentaria y la nostalgia de cuando alguien les saludaba por la calle.
La encuesta, realizada con rigor demoscópico y varias llamadas a familiares, recomienda al partido “explorar nuevas salidas personales, emocionales o agrícolas”. “No es que no remonten, es que han logrado mantenerse exactamente donde estaban cuando empezaron a hundirse”, ha explicado la empresa demoscópica entre lágrimas contenidas.
“Nuestra fuerza está en el territorio. El problema es que el territorio no nos ve”
El secretario general del PSRM, que prefiere no leer los resultados “para no contaminar el relato”, ha señalado que el partido está “en plena reconexión con la ciudadanía”, aunque reconoce que cada vez que alguien del PSOE sale a la calle, sube VOX medio punto.
Entre las principales conclusiones del estudio figuran:
El 82% de los encuestados no sabría decir quién lidera el PSOE en Murcia, pero el 93% podría describirlo físicamente como “ese que no es Conesa ni Diego Conesa”.
Un 67% cree que el partido sigue en el Gobierno regional “porque no ha leído las noticias desde 1995”.
Un 100% de votantes socialistas preferiría que volvieran los alcaldes de antes, aunque fueran sus propios padres.
Estrategia de campaña: fingir que 2023 nunca ocurrió
Ante estos resultados, el PSRM ya prepara una campaña centrada en el silencio, el perfil bajo y la gestión invisible. “No nos va mal porque hagamos las cosas mal. Nos va mal porque seguimos hablando como si todo nos lo escribiera una IA con ansiedad”, ha declarado un asesor mientras reciclaba un argumentario de 2010.
La sede regional ha lanzado una nueva consigna para los próximos meses: “Escuchar, proponer, y si no funciona, fingir que somos una ONG”.
El PP, sorprendido: “No sabíamos que todavía se presentaban” Desde el PP de la Región han respondido con cautela a los malos datos del PSOE: “Respetamos a la oposición, incluso si no tiene pulso”. Fuentes populares confiesan que ya no saben si competir o enviarles fruta.