Esta tarde, a las 20:00 horas, Murcia se convierte en escenario de un acto de memoria irreverente. El Cuartel de Artillería acoge “Chistes contra Franco”, un espectáculo que no pretende hacer reír porque sí, sino invitar a pensar con cada carcajada. La entrada es libre.
El proyecto está dirigido por el artista conceptual Eugenio Merino y el humorista gráfico Darío Adanti, conocidos por ser cofundadores de la revista Mongolia y por no tenerle miedo a ningún charco. En esta ocasión, vuelven a cruzar el umbral del humor político para rescatar los chistes antifranquistas que circularon de forma clandestina durante la dictadura. Chistes como arma de supervivencia. Chistes como resistencia.
«Chistes contra Franco» recupera los chistes que circulaban durante la dictadura franquista como forma de resistencia popular. Chistes que, en su momento, podían costar la cárcel o la vida, son aquí reivindicados como herramientas de memoria y desobediencia simbólica.
El espectáculo ya ha pasado por el Teatro del Barrio de Madrid, y llega ahora a Murcia en el contexto del 50º aniversario de la muerte de Francisco Franco. No es casual. “Chistes contra Franco” parte de una recopilación publicada en 1977 que recogía el humor popular que se compartía en voz baja, en la trastienda de la represión. Merino y Adanti lo han convertido en una pieza escénica que alterna narración, sátira y archivo histórico. Con la colaboración de la periodista Ana Alonso.
El objetivo es claro: usar el humor para abrir grietas en la desmemoria. Porque no se trata solo de reírse de Franco -que también-, sino de recordar que el miedo, la censura y el silencio fueron norma durante décadas. Y que el humor fue una forma de romperlos.
Además de la representación teatral, el proyecto incluye una campaña de micromecenazgo para apoyar su desarrollo y la edición de un libro conmemorativo. Una iniciativa que demuestra que el pasado aún incomoda, pero también que se puede revisar con inteligencia, ironía y sin pedir permiso.
En tiempos de revisionismo y nostalgias peligrosas, “Chistes contra Franco” planta cara desde el escenario. Porque la risa, cuando es libre, también puede ser memoria.