Adiós a la Patrulla Águila: el Ejército del Aire despide a su emblema tras 40 años surcando los cielos

El Ejército del Aire retira los míticos aviones CASA C-101 y abre paso a una nueva generación de acrobacias con los Pilatus PC-21, en un proceso de transición que dará forma a la futura patrulla acrobática del país.

Fin de una era. La Patrulla Águila, emblema del Ejército del Aire y del Espacio durante cuatro décadas, realizó este domingo su última exhibición acrobática sobre las playas del Mar Menor. Miles de personas asistieron al espectáculo de despedida en el marco del festival aéreo ‘Aire 25’, con el rey Felipe VI en primera fila, acompañado por la ministra de Defensa, Margarita Robles; el presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras; la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y otras autoridades civiles y militares.

Fue un adiós por todo lo alto para una patrulla que ha sido imagen de España en el aire desde su nacimiento en 1985. El motivo del adiós es técnico, no simbólico: los veteranos aviones CASA C-101 que han acompañado a la Patrulla Águila durante toda su historia quedan fuera de servicio. “Requieren un esfuerzo de sostenimiento grande. Los aviones caducan. Por mucho que intentes mantenerlos en vuelo, el tiempo es inexorable”, sentenció el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA), general Francisco Braco.

Fin de ciclo

Con 40 años a sus espaldas, la Patrulla Águila cierra etapa. Más de cien pilotos han formado parte de esta unidad de élite. En total, acumula más de 500 exhibiciones -170 de ellas fuera de España-, más de 30.000 horas de vuelo y 20.000 misiones. Desde que despegó por primera vez en San Javier el 4 de junio de 1985, el equipo fue creciendo en número de aeronaves, perfección técnica y proyección internacional. El hito que marcó un antes y un después fue el 12 de octubre de 1992, cuando dibujó por primera vez los colores de la bandera nacional en los cielos de Sevilla.

El futuro se llama Pilatus

La retirada de los C-101 no significa el final de las acrobacias aéreas del Ejército. El relevo ya está en marcha con los Pilatus PC-21, que desde hace meses sustituyen a los antiguos aviones como plataforma de formación en la Academia General del Aire (AGA). La transición ha comenzado con la creación de una nueva unidad provisional: Formación Mirlo, que mantendrá viva la tradición en desfiles y actos institucionales como el 12 de octubre o el Día de las Fuerzas Armadas. De momento volarán con humo blanco, pero ya se trabaja en adaptar el sistema que permita proyectar los colores rojo y amarillo en el aire.

Este año, será la Patrulla Aspa de helicópteros la que dibuje la enseña nacional durante el Día de la Hispanidad.

El general Braco lo dejó claro: “Sí, tendremos patrulla. Pero en el futuro”. Será el Consejo Aeronáutico quien decida la configuración definitiva de la nueva patrulla acrobática española. La tradición, asegura el Ejército, no está en peligro.

Una despedida internacional

El homenaje final a la Patrulla Águila estuvo acompañado por exhibiciones de otras patrullas internacionales: la Frecce Tricolori (Italia), las Red Arrows (Reino Unido), la Patrouille Suisse (Suiza) y la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire (PAPEA), entre otras. La base de San Javier acogió el sábado una exposición estática con más de 30 aeronaves -algunas abiertas al público- y más de 55.000 asistentes, pese al calor.

La imagen del día la protagonizó Felipe VI, que se puso a los mandos de un Pilatus PC-21. Precisamente ese será el modelo con el que se formará su hija, la princesa Leonor, en la AGA a partir de septiembre.

Una patrulla que ya es historia

La Patrulla Águila estaba formada por un jefe, seis pilotos titulares, un piloto reserva y un speaker. Todos sus miembros eran instructores de caza y ataque del 794 Escuadrón de la AGA, y compatibilizaban sus vuelos con la docencia en el centro militar.

Durante estas cuatro décadas, la patrulla ha sido reconocida con numerosos premios nacionales e internacionales. Pero su mayor logro no está en las vitrinas, sino en la memoria colectiva: fue símbolo de precisión, orgullo y excelencia. “No se apaga un símbolo, se cierra una etapa que ya forma parte de la historia del Ejército del Aire”, resumen desde la institución.

López Miras y Díaz Ayuso. Foto: X @LopezMirasF

Fue un espectáculo de despedida a la altura del mito. Pero también un punto final inevitable: los veteranos aviones CASA C-101, columna vertebral de la patrulla desde su nacimiento, han llegado al fin de su vida útil. “Los aviones caducan. Por mucho que intentes mantenerlos en vuelo, el tiempo es inexorable”, sentenció el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio (JEMA), general Francisco Braco. Lo dijo con una mezcla de melancolía y pragmatismo.

La Águila cumplió el sábado 40 años como embajadora de España en el cielo. Se retira con más de 500 exhibiciones (170 de ellas en el extranjero), 20.000 misiones y 30.000 horas de vuelo. A sus espaldas deja un legado difícil de igualar: el de una patrulla que dibujó por primera vez la bandera nacional en el aire en 1992, durante el Día de la Hispanidad en Sevilla. Desde entonces, fue símbolo, escuela y espectáculo.

La transición ya ha comenzado. Los Pilatus PC-21, modernos y versátiles, han tomado el relevo como aviones de formación en la Academia General del Aire (AGA), y serán los que marquen el futuro de la acrobacia aérea española. La nueva formación -bautizada provisionalmente como Formación Mirlo- empezará con humo blanco en sus vuelos, pero ya se trabaja para recuperar el característico tricolor de la enseña nacional. Para el 12 de octubre de este año, la responsabilidad de teñir el cielo será de la Patrulla Aspa de helicópteros.

Una despedida acompañada

La Patrulla Águila no se fue sola. En la exhibición también participaron la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire (PAPEA), y patrullas internacionales de renombre: la Frecce Tricolori (Italia), las Red Arrows (Reino Unido) y la Patruille Suisse (Suiza).

La jornada del sábado reunió en la Base de San Javier a unas 55.000 personas para disfrutar de la exposición estática de más de 30 aeronaves. Entre ellas, el flamante Pilatus que pilotó el rey Felipe VI y en el que, a partir de septiembre, se formará la princesa Leonor como futura oficial de las Fuerzas Armadas.

Foto: Casa Real


Un legado que no aterriza

Desde aquel primer vuelo el 4 de junio de 1985 -con cinco CASA C-101 surcando el cielo de San Javier- hasta esta última exhibición, han pasado más de cien pilotos por la Patrulla Águila, todos ellos procedentes del 794 Escuadrón de la AGA. Además de volar, enseñaban: eran instructores que compaginaban la acrobacia con la docencia.

Premiada en España y fuera, la Águila no solo fue precisión en el aire. Fue también identidad nacional, rigor formativo, proyección internacional y, sobre todo, una forma de estar en el cielo. El Ejército del Aire lo resume con contundencia: “Hablamos de una de las patrullas acrobáticas más emblemáticas del mundo”.

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