Ser joven, desilusionado … y apoyar a la extrema derecha

"Los mensajes centrados en la identidad nacional, el rechazo a la inmigración, la crítica a las “élites globalistas” y la exaltación del orden y la seguridad penetran fuertemente entre las personas jóvenes que sienten que han perdido el control sobre su presente y su futuro"

El ascenso de la extrema derecha en Europa y otras regiones del mundo tiene un rostro cada vez más joven. Una generación desilusionada encuentra en los discursos radicales una respuesta que antes rechazaba. En los últimos años, el mapa político global ha sufrido transformaciones profundas. Lo que antes parecía marginal, ahora es tendencia: partidos de derecha radical y extrema derecha han ganado terreno no solo entre los votantes de más edad, tradicionalmente más conservadores, sino también -y de manera creciente- entre los más jóvenes.

Los resultados recientes de elecciones en países como Francia, Alemania, Italia o España revelan una tendencia inquietante. El Rassemblement National en Francia, Alternativa para Alemania (AfD), Fratelli d’Italia y Vox en España registran un aumento sostenido en intención de voto entre los menores de 30 años. Un fenómeno que rompe con la imagen clásica de una juventud más progresista, abierta y liberal.

Históricamente, las nuevas generaciones han estado asociadas a movimientos sociales progresistas: el mayo del 68, la ola verde, las protestas estudiantiles contra la austeridad. Pero el panorama ha cambiado.
Los datos electorales recientes revelan una tendencia preocupante. En España, el Barómetro 40dB de febrero de 2025 (El País/Cadena SER) señala que un 27,4% de las personas de menos de 25 años votaría a Vox, por encima del 15% que optaría por el PSOE y del 11% que se inclinaría por el PP. El CIS, en su barómetro de abril de 2025, sitúa ese apoyo juvenil en un 17,3%, y en todos los tramos de edad por debajo de los 44 años Vox supera al PP. Lo que antes era dominio exclusivo del «señoro» en la barra del bar, ahora también lo es del streamer indignado.

Los mensajes centrados en la identidad nacional, el rechazo a la inmigración, la crítica a las “élites globalistas” y la exaltación del orden y la seguridad penetran fuertemente entre las personas jóvenes que sienten que han perdido el control sobre su presente y su futuro. Por ejemplo, Informe España 2023 de la Universidad Pontificia Comillas revela que el 80% de las personas jóvenes no se siente escuchada por los políticos, y que esta percepción contribuye de forma directa a una creciente desafección democrática. A ello se suma el hecho de que más del 70% considera que el sistema político actual no representa sus intereses.

Estos datos reflejan una juventud que se siente precarizada, frustrada por promesas incumplidas y desconfiada con la política tradicional.

En el plano económico, los datos tampoco invitan al optimismo. A finales de enero de 2025, la tasa de paro juvenil en España se situaba en el 25,3%. Aunque esta cifra supone una leve mejora respecto a años anteriores, sigue siendo una de las más altas de la Unión Europea, superando en casi once puntos la media comunitaria. Al mismo tiempo, el salario medio mensual de las personas jóvenes ronda los 1.050 euros, mientras que alquilar una sola habitación en ciudades como Madrid o Barcelona cuesta ya más de 500 euros.

Esta brecha entre ingresos y coste de vida alimenta una sensación de estancamiento estructural. A ello se suma un dato aún más revelador: según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud (primer semestre de 2024), solo el 14,8 % de los jóvenes entre 16 y 29 años ha logrado independizarse, la cifra más baja desde 2006. En la Región de Murcia, el porcentaje es apenas superior (15,1%), mientras que la media de la UE supera el 32%. Si ser joven nunca fue fácil, hacerlo hoy en España se parece más a una prueba de resistencia que a una etapa de transición hacia la adultez.

No sorprende entonces que, en una encuesta del CIS (marzo de 2025), apenas un 17% de los menores de 30 años declare confiar plenamente en la democracia, y más del 40% diga que «da igual quién gobierne». Esta desafección no responde necesariamente a una radicalización ideológica, sino a un alejamiento emocional y práctico del sistema. Los discursos de la derecha radical ofrecen, en este sentido, no un programa coherente, sino un refugio simbólico: orden, pertenencia y culpables claros.

Otro elemento clave es la eficacia comunicativa. TikTok, Instagram y YouTube se han convertido en escenarios privilegiados para la difusión de ideas reaccionarias. Mientras los partidos tradicionales batallan por entender el algoritmo, los nuevos actores de la derecha radical manejan con soltura los códigos digitales. Memes, clips humorísticos y shitposting se transforman en vectores de mensajes antifeministas, xenófobos o antiglobalistas. Como señala Angela Nagle en Kill All Normies (2017), la estética del trolling y la ironía postmoderna han sido claves para la normalización de ideologías extremas en la cultura digital.

La derecha radical no predica, entretiene. Y en un ecosistema saturado de información, captar la atención es media batalla ganada. Mientras tanto, la izquierda institucional ofrece ruedas de prensa y eruditos documentos de 60 páginas que nadie lee. Hay algo de tragedia y comedia en esa comparación.

Por otro lado, a diferencia de lo que podría suponerse, muchas personas jóvenes que apoyan a partidos de derecha radical no se identifican a sí mismas como pertenecientes a la “extrema derecha”, e incluso algunos rechazan por completo las etiquetas ideológicas tradicionales. Este alejamiento de las categorías políticas convencionales responde, en gran medida, a un vínculo más emocional que doctrinario con estas fuerzas políticas. La movilización no se articula tanto desde una adhesión programática, sino desde emociones como el miedo, la ira o la desilusión, que encuentran en los discursos populistas un marco explicativo eficaz para señalar culpables -como la inmigración, el feminismo o la globalización- y ofrecer respuestas simples a problemas complejos.

Asimismo, la percepción de autenticidad desempeña un papel central. En contextos de desconfianza hacia las élites y los partidos tradicionales, los líderes de la nueva derecha logran posicionarse como actores “antisistema”, incluso cuando sus trayectorias personales no difieren sustancialmente de aquellas que critican. Esta aparente disonancia se resuelve mediante una retórica que privilegia lo emocional, lo directo y lo performativo, elementos especialmente efectivos en entornos digitales donde la comunicación política se estructura en torno a la viralidad y la simplicidad.

Una de las grandes preguntas es si este giro juvenil hacia la derecha radical es pasajero o estructural. Mientras algunos autores interpretan este comportamiento electoral como una forma de voto protesta, potencialmente reversible mediante políticas públicas eficaces y respuestas institucionales creíbles, otros advierten sobre la posibilidad de que estemos asistiendo a un cambio cultural profundo, en el que se redefine el vínculo entre juventud y democracia.

El desencanto con la democracia liberal no es exclusivo de los sectores jóvenes; sin embargo, en esta franja etaria tiende a expresarse con mayor intensidad, dado que su socialización política se ha producido en un contexto de incertidumbre y crisis múltiples y persistentes. Tal como señalan diversos estudios, la generación nacida a partir de los años 1990 se ha enfrentado a una sucesión de episodios disruptivos -la crisis financiera de 2008, la pandemia de COVID-19, la inflación, la precariedad laboral y la crisis habitacional- que han configurado una experiencia generacional marcada por la incertidumbre y el malestar.

En este marco, los discursos radicales funcionan como atajos cognitivos y emocionales. Ofrecen culpables visibles y explicaciones simples a problemas complejos, y lo hacen con ritmo, estética y narrativa.

Frente al avance de la derecha radical entre el electorado joven, los partidos tradicionales de centroizquierda y centroderecha se ven forzados a repensar sus estrategias electorales y discursivas. Algunas formaciones han optado por endurecer su retórica, incorporando elementos nacionalistas o adoptando posturas más restrictivas en torno a la inmigración, en un intento por contener el trasvase de apoyos hacia fuerzas populistas. Otras, en cambio, apuestan por renovar su vínculo con el electorado joven mediante agendas centradas en la justicia social, el cambio climático o la equidad intergeneracional, temas que resuenan especialmente entre los sectores más jóvenes.

El desafío radica en ofrecer propuestas que no solo sean técnicamente solventes o moralmente justificadas, sino también emocionalmente significativas y culturalmente pertinentes. En un contexto donde los discursos radicales apelan con eficacia a las emociones, la identidad y el sentido de pertenencia, hay que construir alternativas creíbles, conectadas con las experiencias vitales de la juventud y capaces de articular esperanza sin caer en el simplismo.

En definitiva, el crecimiento del voto juvenil hacia la derecha radical no puede entenderse como una anomalía coyuntural ni como una simple consecuencia del ecosistema digital. Se trata de un síntoma de malestares estructurales y percepciones de exclusión que atraviesan a toda una generación. Ignorar esta realidad no hará que desaparezca. Comprenderla es el primer paso para formular respuestas políticas audaces, inclusivas y adaptadas a los nuevos marcos culturales que configuran la subjetividad política contemporánea. Tal vez aún estemos a tiempo de recuperar el pulso de una generación que no quiere memes reaccionarios, sino motivos reales para creer en el futuro. Y si además de políticas valientes les damos alquileres asequibles, quién sabe: igual el próximo viral en TikTok sea un vídeo defendiendo la justicia social.

WhatsApp
Email

¿Crees en un periodismo libre, sin ataduras ni intereses ocultos? En RRNEWS contamos lo que otros callan. Vamos más allá de la versión oficial porque creemos que la información es vital y debe ser accesible para todos, sin muros de pago.

Pero para seguir haciéndolo, necesitamos tu apoyo. Si valoras lo que hacemos, conviértete en mecenas con el pago mensual que tú decidas. Lo que para ti puede ser una cantidad simbólica, para nosotros significa independencia, rigor y continuidad.

Súmate a quienes ya creen que otro periodismo es posible.
Hazte mecenas hoy.