El Mar Menor está herido, gravemente herido. Tras años de denuncias, movilizaciones ciudadanas, estudios científicos y advertencias europeas, los vertidos continúan llegando a la laguna por múltiples vías: aguas residuales urbanas, escorrentías agrícolas cargadas de nitratos y fosfatos, y un acuífero contaminado que funciona como un grifo abierto bajo tierra. Las consecuencias ya no se ocultan: eutrofización, mortandad masiva de especies, pérdida de biodiversidad y episodios de anoxia que han convertido este ecosistema único en Europa en un símbolo del colapso ecológico.
En este contexto, el “Proyecto Global para la Recuperación y Renaturalización de la Marina del Carmolí” plantea una intervención de gran alcance para revertir la situación. Su autora, la investigadora María Rocío García Martínez, miembro de Pacto por el Mar Menor, propone una hoja de ruta ambiciosa, que considera técnicamente viable, basada en un enfoque multidisciplinar que combina ingeniería hidráulica, restauración ecológica, educación ambiental y desarrollo sostenible.
Un ecosistema olvidado y maltratado
La Marina del Carmolí es un criptohumedal ubicado en la cubeta sur del Mar Menor, dentro del espacio protegido “Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor y Cabezo Gordo”. A diferencia de otros humedales, carece de una lámina de agua visible, pero suelos encharcables y vegetación adaptada hacen de él un filtro natural de enorme valor. Sin embargo, su deterioro es alarmante. Las ramblas del Albujón, Miranda y del Miedo vierten de forma continua aguas contaminadas que arrastran sedimentos, materia orgánica, fertilizantes y metales pesados directamente al humedal y de ahí, al Mar Menor.

La situación no es nueva. En 2018, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea condenó a España por incumplir la Directiva 91/271/CEE sobre tratamiento de aguas residuales. A día de hoy, según recuerda el proyecto, 17 municipios españoles -varios de ellos en la Región de Murcia- siguen sin contar con infraestructuras de depuración adecuadas.
Una solución hidráulica integral y sostenible
La propuesta parte de un diagnóstico técnico claro: el sistema actual de depuración está obsoleto y es insuficiente. Las aguas que recoge la rambla del Albujón, por ejemplo, se bombean hasta una depuradora ubicada a 20 kilómetros, lo que genera elevados costes energéticos y no evita que parte de esos caudales acaben en la laguna.
Para revertir la situación, el proyecto plantea:
- La creación de tres SUDS (Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible), diseñados como parques inundables capaces de retener, filtrar y tratar las aguas de escorrentía y las aguas residuales agrícolas antes de que lleguen al humedal.
- La modernización y ampliación de dos EDAR (Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales), ubicadas en Los Alcázares y El Algar, con líneas diferenciadas para el tratamiento de aguas negras, aguas pluviales y aguas contaminadas con nitratos o metales pesados.
- La construcción de EBAR (Estaciones de Bombeo) optimizadas, que aprovechan las pendientes naturales para reducir el consumo energético.
Se trata, en resumen, de un sistema interconectado, separativo y energéticamente eficiente, que permitiría cortar el flujo de contaminantes y alcanzar el objetivo declarado del proyecto: vertido cero al Mar Menor. Eso plantea la investigadora.
Renaturalización, reforestación y permacultura
El componente hidráulico no es el único eje de la propuesta. El proyecto contempla una restauración ambiental profunda de la Marina del Carmolí: eliminación de especies invasoras como cañas y acacias, reforestación con especies autóctonas, uso de técnicas de fitorremediación para depurar el suelo, y transición hacia modelos agrícolas sostenibles basados en permacultura.
Una de las medidas más significativas es la eliminación de la carretera RM-F54, que atraviesa el humedal, y su sustitución por una vía alternativa más alejada. La carretera actual, indica el documento, interrumpe los flujos naturales de agua, fragmenta el ecosistema y agrava el riesgo de inundaciones.
Educación, ecoturismo y participación ciudadana
El proyecto no se olvida del componente social. Entre sus propuestas destaca la creación de:
- Un centro de interpretación ambiental y un observatorio de aves en la Marina del Carmolí.
- Un ecosendero temático que conecte los SUDS con el patrimonio histórico del entorno, como molinos cartageneros y restos romanos.
- Actividades educativas, divulgativas y de voluntariado para implicar a la ciudadanía en la recuperación del humedal y del Mar Menor.
También se contempla la instalación de sensores de monitoreo ambiental en tiempo real, uso de inteligencia artificial para la gestión hídrica, y tecnologías avanzadas de desnitrificación mediante biorreactores de astillas de madera.
Un modelo replicable para otros humedales
El proyecto concluye proponiendo que el modelo diseñado para la Marina del Carmolí pueda ser replicado en otros puntos de la cuenca vertiente del Mar Menor, o incluso en otros ecosistemas degradados del país. “Es imprescindible restaurar este criptohumedal para garantizar la resiliencia del Mar Menor”, advierte el documento. La inversión necesaria -cuyo presupuesto se desgrana por fases- se justificaría no solo por su impacto ambiental, sino por los beneficios sociales, económicos y turísticos a medio y largo plazo.
El presupuesto total estimado del “Proyecto Global de recuperación y renaturalización para el criptohumedal de Marina del Carmolí” asciende a 58 millones de euros, distribuidos en ocho fases.
Su autora, Rocío García, no especifica explícitamente a qué organismo presenta el proyecto formalmente, pero confía en que sea evaluado por administraciones públicas y organismos competentes en medio ambiente y aguas, tanto a nivel autonómico como estatal.