La alcaldesa de Alcantarilla escolta en procesión al sacerdote que cargó contra la emancipación femenina

La alcaldesa de Alcantarilla escolta en procesión al sacerdote que cargó contra la igualdad y los anticonceptivos en su pregón de fiestas

Alcantarilla ha cerrado sus fiestas patronales en honor a la Virgen de la Salud con una imagen que parece sacada del universo berlanguiano: el sacerdote Pedro César Carrillo Martínez encabezando la procesión, flanqueado por la alcaldesa, Paqui Terol, vestida con mantilla negra. Nada fuera de lo común, si no fuera porque hace apenas dos semanas el mismo sacerdote lanzó un pregón que muchos consideran una diatriba en contra de los avances sociales de la mujer, retransmitida en directo por el propio Ayuntamiento.

Desde entonces, ni una sola palabra de condena o matización por parte de la alcaldesa, de la concejala de Mujer, ni de la Hermandad de la Virgen de la Salud. Silencio total. Y eso, en política, también es posicionamiento.

“Somos un pueblo enfermo”, dijo el sacerdote, para referirse al impacto de la igualdad de género. Una afirmación que, en cualquier otro contexto, provocaría un terremoto institucional. Pero aquí no. Aquí se le escolta con honores. Porque en Alcantarilla, al parecer, las homilías y los pregones son inmunes al debate público.

Durante su intervención como pregonero, Carrillo ofreció un diagnóstico espiritual y moral de la sociedad contemporánea que haría palidecer a Torquemada. Aunque admitió como “positivo” que las mujeres accedieran al mercado laboral y a la vida política en el siglo XX, inmediatamente enumeró las “consecuencias negativas” de dicha emancipación: el desprestigio de la maternidad, la autosuficiencia femenina “respecto del varón” y la pérdida de la esencia de la femineidad. ¿La solución? Volver a los valores tradicionales, con la Virgen María como modelo.

La tesis del sacerdote es clara: anticonceptivos, píldora, revolución sexual, feminismo… todo en el mismo saco del mal. Como quien mezcla ingredientes para una receta de apocalipsis. A su juicio, desde los años 60 vivimos una deriva moral que desemboca en el aborto, la eutanasia, el suicidio voluntario, la trata de mujeres, la pornografía y la violencia de género. Porque, según él, todo empezó cuando alguien decidió que el cuerpo de la mujer también le pertenecía a ella.

La alcaldesa opta por e papel de ofendida

El problema no es solo lo que dijo. El verdadero problema es lo que nadie ha dicho después.

La alcaldesa Paqui Terol, del PP, lejos de marcar distancias con las palabras del pregonero, ha optado por el papel de ofendida. En una reunión privada con cuatro concejales socialistas que criticaron duramente el discurso retrógrado del sacerdote, les reprendió por “arrastrar su nombre por toda España”. Les advirtió que no permitiría réplicas y les soltó una frase digna de guion: “Al menos ahora en toda España saben que Alcantarilla tiene una alcaldesa”. Terol llevaba días sin dirigir la palabra a los ediles del PSOE.

Eso sí, justificó su silencio diciendo que también representa a quienes comparten las palabras del sacerdote. «Yo también represento a los que opinan como el pregonero» dijo. Pero, ¿y a quienes no? ¿Y a las mujeres de Alcantarilla que no se reconocen en ese discurso retrógrado y culpabilizador? ¿Dónde está la neutralidad institucional cuando se valida con presencia institucional un sermón contra la igualdad de derechos?

La portavoz socialista, Lara Hernández, lo resume así: “Es el colmo de los colmos”. Y no le falta razón. Porque cuando el púlpito dicta doctrina y el poder municipal asiente en silencio, no estamos ante una procesión: estamos ante un retroceso.

Y lo que de verdad enferma a un pueblo no es la igualdad, sino la indiferencia con la que algunos la pisotean.

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