Murcia presume de historia, pero no la cuida. Mientras las autoridades locales celebran con entusiasmo el 1200 aniversario de la fundación de la ciudad -con actos, pancartas, espectáculos y merchandising-, uno de los edificios más emblemáticos del patrimonio murciano, el Palacio Episcopal, se desmorona literalmente en el corazón del casco histórico.
La Asociación para la Conservación del Patrimonio de la Huerta de Murcia (Huermur) ha alzado la voz ante lo que califica de “auténtica dejación institucional”. Según denuncia, la fachada principal del Palacio Episcopal presenta un estado de conservación “lamentable”, con frescos desprendidos, humedades, grietas visibles, eflorescencias salinas y una preocupante pérdida de material pictórico. Todo ello, en uno de los edificios barrocos más significativos de la Región, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1976 y parte integrante del Conjunto Histórico-Artístico de la ciudad.

“Estamos hablando del rostro de la ciudad. Un edificio que mira a la Catedral y al río, símbolo de la Murcia barroca. Y se está cayendo a pedazos delante de todos”, advierten desde Huermur.
Una restauración que no sirvió
No es un edificio cualquiera, ni su deterioro es nuevo. El Palacio Episcopal fue objeto de una restauración integral a comienzos de los años 2000. Sin embargo, menos de 25 años después, la fachada vuelve a exhibir un estado de degradación “más que preocupante”.
“¿Qué tipo de intervención se hizo entonces? ¿Qué supervisión tuvo? ¿Se ha realizado algún mantenimiento desde entonces?”, se pregunta Sergio Pacheco, presidente de Huermur. “No es serio que un inmueble protegido se encuentre hoy en estas condiciones tras una restauración relativamente reciente. Es como si nada se hubiera hecho”.

El colectivo conservacionista ha documentado el estado actual del inmueble con material fotográfico y ha trasladado la denuncia a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Región y al Ayuntamiento de Murcia. Exigen una inspección urgente, una evaluación técnica rigurosa y la restauración inmediata de los paramentos y frescos afectados.
Riesgo para los viandantes
Más allá del deterioro estético y simbólico, Huermur advierte del riesgo físico que supone el desprendimiento de materiales en plena vía pública, justo en la plaza del Cardenal Belluga, uno de los puntos más transitados del centro histórico, tanto por vecinos como por turistas. La fachada afectada se sitúa frente a la Catedral de Murcia, formando parte del escaparate monumental que define el corazón urbano de la ciudad.

“La situación es tan grave que, si no se actúa pronto, podríamos tener que lamentar daños personales”, alertan.
Entre el marketing institucional y el silencio
Para Huermur, este episodio es el reflejo de un patrón que se repite: mucho marketing institucional, pero poco compromiso real con el patrimonio. Critican que mientras se invierten recursos públicos en iluminar edificios con logos del 1200 aniversario, proyectar espectáculos de luces y organizar grandes eventos, el patrimonio material de la ciudad -ese que da sentido a la historia que se conmemora- sufre un abandono crónico.
“No se puede celebrar el aniversario de Murcia mientras se deja morir su historia física. Es una contradicción que roza la hipocresía”, denuncia Pacheco.
El presidente de Huermur apunta directamente a las administraciones responsables: “El Ayuntamiento y el Gobierno regional deben decidir si quieren que el patrimonio siga siendo solo decorado para el turismo o un legado vivo al que cuidar y conservar. Porque ahora mismo, el mensaje que se lanza es que ni siquiera los bienes más céntricos, visibles y protegidos se libran del abandono”.
Una llamada al Ministerio de Cultura
Ante la inacción de las instituciones murcianas, Huermur se plantea ahora elevar el caso al Ministerio de Cultura y al Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE). Recuerdan que el Conjunto Histórico-Artístico de la ciudad de Murcia está declarado BIC desde 1976, lo que implica una obligación legal de conservación por parte de las administraciones públicas.

Además, la asociación pone el foco en una cuestión de fondo que va más allá del Palacio Episcopal: la desprotección generalizada del patrimonio histórico de la huerta y las pedanías, donde los bienes culturales menores -ermitas, molinos, aljibes, casas solariegas- desaparecen a una velocidad alarmante.
“Si esto ocurre aquí, en pleno centro, frente a todos los focos, ¿qué no estará pasando en las zonas menos visibles? La situación en muchos rincones del municipio es directamente dantesca”, concluye Pacheco.
El deterioro del Palacio Episcopal no es solo un problema técnico. Es un síntoma. El síntoma de una ciudad que quiere contar su historia en eventos, pero no la respeta en sus muros. La postal más fotografiada de Murcia, la que une la fachada del Obispado con la Catedral y el edificio Moneo, se resquebraja. Y no solo en lo material.