La próxima vez que alguien te diga que no adelgaza porque “ya no tiene edad para eso”, puedes responderle con evidencia científica en la mano. Un nuevo estudio publicado en la prestigiosa International Journal of Obesity, liderado por la catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia, Marta Garaulet, y la investigadora taiwanesa Hui-Wen Yang, desmonta uno de los mitos más arraigados sobre la pérdida de peso: la edad no influye.
Utilizando técnicas de machine learning, el equipo analizó los datos de más de 5.800 pacientes, extrayendo conclusiones sorprendentes. De 1.900 variables iniciales, se aislaron 138 con peso estadístico, agrupadas finalmente en 38 categorías clave. Y entre ellas no aparece la edad.
“No hay diferencia entre jóvenes y mayores en la pérdida global de peso ni en la rapidez con la que se adelgaza”, afirma Garaulet. De hecho, añade un matiz aún más rompedor: “Los más mayores abandonan menos, y esto, al final, significa que tienen más éxito”.
El motor invisible: la motivación
La variable reina de todo el proceso, según los resultados, es la motivación. Cuanta más haya, mayor es la adherencia al tratamiento, mayor la pérdida de peso y más rápida. Y aquí sí juega un papel indirecto la edad: a más años, mayor suele ser la constancia.
También se destaca la importancia del autoseguimiento: anotar hábitos, registrar comidas, hacer balance diario. Este sencillo gesto tiene un impacto directo en el éxito del proceso. Como todo en la vida, saber por dónde vas ayuda a no perder el rumbo.
El ejercicio no es imprescindible
Otro dato que rompe moldes: el ejercicio acelera la pérdida de peso, pero no determina el total que se pierde. Se puede adelgazar sin hacer deporte, aunque el proceso será más lento. Un jarro de agua fría para el dogma “sin sudor no hay victoria”, pero una buena noticia para quienes tienen limitaciones físicas.
El enemigo silencioso: el picoteo
La investigación también detecta al gran saboteador de dietas: el picoteo a deshoras. Es una de las variables más asociadas al fracaso, especialmente en personas con una mala gestión emocional. ¿La receta de Garaulet? No pelearse con el hambre, pero redirigirla: encurtidos, zanahorias, tomates cherry. Lo importante es romper el bucle emocional-comida-chatarra.
Marta Garaulet lleva dos décadas investigando los entresijos de la obesidad desde la Universidad de Murcia, convirtiéndose en una referencia internacional. Este estudio, apoyado en inteligencia artificial, consolida su apuesta por unir ciencia y personalización: no hay recetas universales, pero sí factores clave sobre los que actuar.
En definitiva, la edad no es excusa. La motivación sí es la palanca. Y el camino, como casi siempre, empieza por entender mejor cómo funciona uno mismo.
Garaulet es una de las mayores expertas en cronobiología nutricional. Sus estudios demuestran que comer tarde (especialmente después de las 15:00 h) ralentiza la pérdida de peso, dormir mal interfiere en el metabolismo y en la regulación del apetito y el cronotipo (ser más madrugador o nocturno por genética) influye en los ritmos hormonales y digestivos, y por tanto, en la eficacia de una dieta.