El reciente vertido de crudo en un paraje de Calasparra, tras la rotura del oleoducto que conecta la refinería de Repsol en Cartagena con Puertollano, ha vuelto a encender todas las alarmas. El suceso, que obligó a activar un dispositivo de emergencia y generó preocupación entre vecinos y autoridades, ha hecho saltar una advertencia que lleva años sobrevolando en silencio: bajo las aguas del embalse del Cenajo discurren dos oleoductos.
Ecologistas y expertos en seguridad industrial llevan tiempo advirtiendo del riesgo que supone la presencia de infraestructuras de transporte de hidrocarburos en zonas tan delicadas. “Es como tener una bomba de relojería bajo el pantano. Puede que no pase nada en décadas, pero cuando pasa las consecuencias son tremendas”, señalan.

Se construyeron con informes técnicos que alertaban de los riesgos
Dos oleoductos de REPSOL cruzan enterrados bajo el embalse del Cenajo, en plena cabecera del río Segura. Y en ambos casos, la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) emitió informes que advertían de los riesgos ambientales y técnicos de una fuga en esa ubicación crítica. Riesgos que, aunque de baja probabilidad, tendrían consecuencias “gravísimas” para el suministro de agua potable en toda la Región de Murcia. Una rotura obligaría a vaciar el embalse, vertiendo aguas contaminadas por todo el cauce del río Segura.
RRNEWS accede a los informes
En el año 2000, tras una visita técnica al primer oleoducto (autorizado en 1998 y ya en funcionamiento), la CHS alertó de que un tramo de unos 500 metros, junto con seis apoyos de la línea eléctrica asociada, quedaría completamente inundado en caso de llenado del embalse. “Aunque las posibilidades de una rotura son mínimas, sus consecuencias serían catastróficas”, avisaba el informe. La fuga afectaría al embalse y, con él, a los caudales que abastecen “la práctica totalidad de las Estaciones de Tratamiento de Aguas Potables de la Región de Murcia”
El informe denunciaba además que en el diseño de la tubería no se tuvo en cuenta la posibilidad de que quedara sumergida, lo que podría provocar fenómenos de flotación, cizallamiento o fatiga estructural. La CHS exigió a REPSOL un estudio urgente de la situación real y recomendó reforzar el tramo sumergido envolviéndolo completamente en hormigón, como mínimo.
A pesar de estas advertencias, en 2011 se autorizó un segundo oleoducto paralelo al anterior, también cruzando el embalse del Cenajo. En este caso, la conducción -de 430 metros- se instaló mediante perforación dirigida y se enterró a 6-7 metros de profundidad. La tubería, inicialmente de 7,9 mm de espesor, fue reforzada a 10,3 mm, se encamisó en acero adicional y se dotó de un sistema de detección de fugas líquidas y vapores
Pero ni siquiera estas mejoras técnicas aplacaron del todo las dudas del organismo de cuenca. En un nuevo informe técnico fechado en abril de 2011, la CHS planteó que “debería evitarse el cruzamiento de la conducción […] por zona de posible afección al embalse”. Aun así, el proyecto recibió luz verde, condicionado a múltiples exigencias: estudios sísmicos, plan de emergencia ambiental, supervisión por entidades acreditadas y, lo más llamativo, la obligación de presentar en un plazo de nueve meses una propuesta técnica para mejorar el nivel de seguridad del primer oleoducto -aún en activo- hasta igualarlo al segundo.
La documentación técnica reconoce que una hipotética rotura implicaría una emergencia ambiental grave. De ahí la necesidad, aún vigente, de contar con un plan de actuación específico y coordinado con las autoridades competentes.

¿Qué se ha hecho desde entonces?
Veinticinco años después del primer aviso y catorce tras el segundo, la pregunta es obligada: ¿se han llevado a cabo las obras de refuerzo recomendadas por la CHS? ¿Se ha incrementado el nivel de seguridad del primer oleoducto como exigía el informe de 2011? ¿Se han revisado los planes de emergencia y los sistemas de detección de fugas?
La documentación obtenida no permite responder con certeza. Lo que sí está claro es que ambos oleoductos siguen atravesando uno de los puntos más delicados del sistema hidrológico del Sureste español, justo donde el río Segura se embalsa para abastecer a millones de personas.
Un riesgo silencioso
Técnicamente, los informes no cuestionan la integridad inicial de las obras. Pero insistieron en que, de producirse una fuga, esta podría afectar de forma irreversible a la calidad del agua desde el Cenajo hasta la desembocadura. Más aún si el embalse está lleno y se requiere vaciarlo para acceder a la reparación: “un gran volumen de agua contaminada afectaría a todo el cauce del río”, advertía ya la CHS en el año 2000.
Veinticinco años después, esa advertencia sigue vigente. Porque lo improbable no es lo mismo que lo imposible. Y en un embalse que abastece a toda una región, lo improbable puede ser demasiado.