Después de décadas de permisividad por parte de la Comunidad Autónoma, cuando el daño ya está hecho, el Gobierno de España intenta reconducir el modelo ganadero del Campo de Cartagena. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) ha anunciado una nueva convocatoria de ayudas por valor de 11,5 millones de euros, gestionada por la Fundación Biodiversidad, destinada a transformar el sistema de producción ganadera en la cuenca vertiente del Mar Menor.
¿El objetivo? Que las explotaciones intensivas -especialmente las de porcino- reduzcan su carga contaminante, mientras se apoya a los ganaderos extensivos y se fomenta un modelo más respetuoso con los ecosistemas. Todo ello, en un territorio tan simbólicamente dañado como es la Región de Murcia y en particular su joya natural más maltratada: el Mar Menor.
¿Por qué ahora?
Esta convocatoria llega tras las presiones del propio sector ganadero, que en 2023 ya pidió una línea de ayudas específica, tras ver cómo el Gobierno destinaba 16,2 millones de euros al sector agrícola mediante otra convocatoria pionera. En aquella ocasión, 11 proyectos agrícolas fueron seleccionados para impulsar prácticas más sostenibles. Ahora, tras meses de reuniones y promesas, le toca al sector ganadero.
Según el MITECO, las nuevas ayudas están alineadas con la línea 6 del Marco de Actuaciones Prioritarias para Recuperar el Mar Menor (MAPMM), dotado con 675 millones de euros. Se trata de un paquete de medidas que busca, sobre el papel, transformar el modelo productivo que ha llevado a la laguna salada al borde del colapso ecológico.
Durante una reunión celebrada este martes con representantes de UPA, COAG-IR, ASAJA, ACEGA y el Observatorio de Pastoralismo Extensivo del Mediterráneo, el subsecretario del Ministerio, Miguel González Suela, junto a la comisionada del Ciclo del Agua, Francisca Baraza, y el subdirector de la Fundación Biodiversidad, Ignacio Torres, presentó los ejes clave de esta convocatoria, que incluye también un proceso de información pública previsto para septiembre.
¿Qué se subvenciona?
Los fondos están pensados para apoyar proyectos que:
- Reduzcan la producción y el impacto contaminante de los purines y estiércoles.
- Mejoren su gestión, tratamiento y valorización.
- Fomenten prácticas ligadas a la ganadería extensiva, que preserva ecosistemas y biodiversidad.
- Apuesten por la economía circular y la transferencia de conocimiento.
- Incluyan acciones de sensibilización, formación y comunicación.
Cada proyecto podrá recibir entre 300.000 y 2 millones de euros, cubrir hasta el 90% del presupuesto total, y desarrollarse durante un máximo de 36 meses, más una posible prórroga de seis.
Podrán optar a estas ayudas entidades sin ánimo de lucro con personalidad jurídica propia vinculadas al ámbito ganadero, así como universidades públicas, organismos de investigación, administraciones locales y colegios profesionales. Los proyectos deberán contar con un comité científico asesor y podrán agrupar hasta seis entidades por propuesta.
¿Y el impacto real?
El Gobierno asegura que esta línea de financiación permitirá avanzar en la transición ecológica del sector, “acompañando” a los ganaderos en un proceso de transformación estructural. Sin embargo, la falta de control previo, la laxitud de las inspecciones y el peso de las explotaciones intensivas en la economía regional hacen que muchos miren con escepticismo estas medidas.
De hecho, la mayoría de las explotaciones ganaderas en el Campo de Cartagena son granjas de porcino intensivo, muchas de ellas señaladas en informes técnicos y judiciales por su contribución a la contaminación del subsuelo y los acuíferos. No son pocas las voces que reclaman que, más que subvenciones, lo que hace falta es una reducción progresiva de estas macrogranjas, control efectivo de los vertidos y una reconversión obligatoria del modelo.
¿Es esto suficiente?
Esta nueva convocatoria no es garantía de solución conociendo el talante de los ganaderos. El Mar Menor ya ha colapsado varias veces, convertido en un símbolo nacional del ecocidio. Los episodios de anoxia y mortandad masiva de peces siguen grabados en la memoria colectiva.
El modelo ganadero es parte del problema. Eso está claro por mucho que lo nieguen. Ahora falta saber si el dinero se gestionará con rigor, si habrá control posterior y si estas medidas servirán realmente para reducir la presión contaminante sobre una laguna y el acuífero que lleva años gritando auxilio.
Porque una cosa está clara: no se puede salvar el Mar Menor sin transformar profundamente el modelo agroganadero que lo asfixia.