La amenaza aún no huele, pero se siente. La pedanía de El Niño de Mula se ha convertido en epicentro del malestar vecinal ante el proyecto de una macroplanta de valorización de residuos orgánicos promovido por la empresa Bio Seiquer SL. El proyecto contempla la instalación de una planta de digestión anaerobia para producir biometano a apenas un kilómetro del río Mula y a escasos 60 metros de una zona ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). La población no ha tardado en reaccionar: han presentado alegaciones denunciando los graves riesgos que esta planta supondría para el medio ambiente, la salud pública y la calidad de vida de los residentes.
En su escrito, los vecinos denuncian que la planta trataría unas 131.500 toneladas anuales de residuos orgánicos, generando emisiones contaminantes como metano (CH4) y ácido sulfhídrico (H2S), además de micropartículas perjudiciales para la salud pulmonar y cardiovascular. “La manipulación de residuos orgánicos a estas escalas va a suponer una bomba ambiental en la puerta de casa”, advierten.
Consumo diario de más de 100.000 litros de agua
Además, el consumo estimado de agua de la planta —más de 100.000 litros diarios— es calificado como “insostenible”, teniendo en cuenta la delicada situación hídrica del municipio. La alegación solicita una paralización del procedimiento de autorización hasta que se realice una evaluación ambiental “exhaustiva y rigurosa”.
El tráfico pesado que implicaría la actividad diaria de la planta es otro de los caballos de batalla. Según el proyecto, unos 56 camiones circularían a diario por la zona, aumentando el riesgo de accidentes, además del desgaste de las vías y la contaminación derivada del transporte de residuos. “Estamos hablando de decenas de camiones cargados de basura entrando y saliendo todos los días, justo al lado de nuestras casas”, critican.
A más de de 2,5 kilómetros de distancia
La queja incluye también una petición expresa al Ayuntamiento de Mula para que modifique de inmediato la normativa urbanística, ampliando la distancia mínima de este tipo de instalaciones respecto a zonas habitadas. “Los actuales 2,5 kilómetros son insuficientes para proteger la seguridad y el bienestar de la población”, denuncian.
Desde Bio Seiquer SL no se ha emitido, de momento, ninguna respuesta pública a las alegaciones vecinales. Sin embargo, en el municipio ya se palpa una tensión creciente.
Nueva protesta
Este domingo, los vecinos volvieron a concentrarse para expresar su rechazo al proyecto. Con pancartas, mensajes directos y un grito común -“¡Por nuestra salud y nuestro futuro, no a la planta!”-, reclamaron atención institucional y reiteraron su exigencia de paralización inmediata. La movilización reunió a decenas de personas, reforzando un mensaje claro: la oposición no es anecdótica ni coyuntural, es vecinal, organizada y determinada.
“Queremos que se nos vea, que se nos escuche y que se nos respete. Este proyecto puede que sea rentable para algunos, pero para nosotros es una amenaza directa a nuestro entorno, nuestra salud y nuestra forma de vida”, concluyen.