Del 11 al 18 de abril, la agenda pública del presidente de la Región de Murcia, Fernando López Miras, ha estado marcada exclusivamente por actos religiosos: misas, procesiones, bendiciones y besapiés. Ni una sola reunión de gobierno en agenda, ni comparecencias sobre gestión pública, ni visitas institucionales vinculadas a la sanidad, la educación o la economía regional. Solo Iglesia y sotanas.
Y no es una interpretación: todos estos actos religiosos figuran en la agenda oficial del presidente, publicada en la web de la Comunidad Autónoma. Siete días consecutivos en los que la única actividad institucional del jefe del Ejecutivo en agenda ha sido asistir a celebraciones litúrgicas. ¿Devoción personal o confusión entre lo público y lo privado?
Y cada acto ha ido acompañado de su correspondiente reportaje en redes sociales, con planos cuidados, vídeos editados y una estética pensada para el fervor y para el algoritmo. La fe puede ser privada, pero el postureo devoto se cuelga en Twitter. Porque hay que mantener la conexión con los fieles, y no hablamos precisamente de los de misa.
Veamos la agenda oficial del presidente durante siete días:
- 11 de abril: entrega de la Onza de Oro a la Virgen de la Caridad.
- 12: misa y procesión en Lorca.
- 13: Bendición de las Palmas.
- 14: Besapié al Cristo del Perdón y misa por la Virgen de la Piedad.
- 15: Auto del Prendimiento en Cieza y Noche de los Tambores en Mula.
- 16: Recepción a la Cofradía de Jesús Nazareno, traslado procesional y procesión del Cristo de la Sangre en Murcia.
- 17: López Miras asiste a la procesión de los Salzillos de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
- Y de postre: cuadriga en Lorca disfrazado del emperador Teodosio.
La televisión pública de la Región de Murcia, 7TV -esa que pagamos entre todos pero parece gestionada por el gabinete de comunicación del palacio de San Esteban- no ha decepcionado. Ante la aparición del presidente López Miras subido a una cuadriga en la Semana Santa de Lorca, el canal autonómico se lanzó a escribir lo que parece más bien una crónica hagiográfica del César bajado del Olimpo.
Faltó añadir que los caballos lloraban de emoción, que los ángeles descendieron para aplaudir desde las cornisas y que las ruedas del carro trazaron milagros en el empedrado. ¿Periodismo público? No. Épica al servicio del emperador Teodosio, versión murciana.
Siete días. Cero gestión. Cien por cien incienso
No se trata de cuestionar las creencias personales del presidente, ni el arraigo cultural de la Semana Santa en la Región. Pero sí de recordar que España es un Estado aconfesional, según establece el artículo 16.3 de la Constitución. Esto implica que las instituciones públicas deben mantenerse neutrales en materia religiosa. Y que quienes ostentan cargos públicos tienen el deber de representar a todos los ciudadanos, también a quienes profesan otras religiones o ninguna.
La omnipresencia del presidente en actos católicos oficiales durante estos días plantea una pregunta legítima: ¿es esta la prioridad institucional de la Región de Murcia en un contexto de listas de espera sanitarias, deuda desbocada y pobreza estructural en aumento?
Procesiones por fuera, concesiones por dentro
Más llamativo aún es que, mientras el presidente huele a incienso y repite genuflexiones en cada acto litúrgico contado al minuto en redes sociales, se abre paso entre bambalinas una decisión que huele mucho menos a Evangelio: el posible cierre de un centro de menores en la Región, una medida exigida por Vox y que el Gobierno regional estaría dispuesto a acatar para lograr aprobar presupuestos.
Es decir, se reza de cara al público, pero se negocia con la ultraderecha en los despachos. Procesiones por fuera, concesiones por dentro. ¿Es compatible la defensa de los valores cristianos con cerrar un centro que protege a menores en situación de vulnerabilidad? ¿Dónde queda entonces el mandato moral y constitucional de proteger a los más débiles?
Hay quien podría argumentar que la Semana Santa es también una oportunidad para acompañar a los ciudadanos en sus tradiciones. De acuerdo. Pero hacerlo exclusivamente en el marco de celebraciones religiosas, y con presencia oficial institucionalizada, proyecta una imagen de confusión entre el plano personal y el político. Y, en definitiva, entre Iglesia y Estado.
Que un presidente autonómico encadene siete días de actos religiosos institucionales, sin una sola mención a la gestión real de su comunidad, es preocupante. Que además lo convierta en una estrategia de imagen para redes sociales, es directamente una tomadura de pelo.
Porque gobernar no es posar con la cruz al hombro. Ni mirar a cámara con gesto compungido.
Y porque si en seis días no ha tenido tiempo de gestionar un solo problema real, igual se está confundiendo de trono.
Y lo más escandaloso es que no es un caso aislado. En toda la Región de Murcia, políticos de todos los partidos y niveles institucionales convierten la Semana Santa en un desfile de poder y fe a partes iguales. El alcalde de la ciudad de Murcia, José Ballesta, se lleva la palma. Tampoco se pierde una misa. Se confunde la representación con la adoración, y el respeto a la tradición con el uso partidista de la religión.
Si la neutralidad religiosa del Estado se defiende solo en el papel, pero no se practica desde los cargos públicos, ¿de qué sirve la aconfesionalidad constitucional? En tiempos donde se exige a los líderes cercanía, gestión eficaz y respeto a la pluralidad, la sobredosis de incienso en la agenda oficial del presidente López Miras no parece precisamente el mejor ejemplo de equilibrio institucional.