No hacen ruido, no tienen voz, pero lo cuentan todo. Botellas rotas, tapones, bastoncillos y redes troceadas que el mar escupe a las playas del sureste español están cargados de información y también de plomo, arsénico, hierro y zinc. La basura plástica, esa presencia incómoda y omnipresente en el litoral, es mucho más que un residuo: es un espejo de la contaminación que arrastramos y un indicador involuntario de lo que esconden nuestras aguas. Calblanque está muy cerca de la bahía de Portmán.
Un equipo internacional de investigadores ha publicado un estudio en la revista Marine Pollution Bulletin que revela cómo los plásticos recogidos en cuatro playas murcianas -Portmán, Beal, Islas Menores y Calblanque- acumulan metales pesados en niveles alarmantes. Y lo hacen con una capacidad tal que los científicos plantean ahora usarlos como sensores para monitorizar la contaminación marina.
Plásticos en Calblanque
Uno de los hallazgos más impactantes del estudio tiene nombre propio: Calblanque. Esta playa virgen, incluida dentro del Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, se considera una de las joyas naturales del litoral murciano. Está protegida, apenas tiene edificaciones cercanas y el acceso está regulado ¿Cómo es posible que allí también se detecten altos niveles de metales en plásticos varados?
La explicación, según los investigadores, está en la capacidad de las corrientes marinas para transportar residuos y contaminantes a largas distancias, sumada al deterioro natural de los plásticos. Aunque solo se recogieron tres muestras en la línea de costa de Calblanque, estas contenían niveles de metales comparables a zonas mucho más degradadas como Portmán. Esto refuerza la hipótesis de que la franja intermareal, donde flotan los plásticos antes de vararse, es una zona crítica de interacción entre los polímeros y los metales disueltos en el agua.
Basura que absorbe basura
Los científicos confirman que muchos metales pesados encontrados en los plásticos no provienen de su fabricación original, sino que han sido absorbidos del medio marino. Especialmente los plásticos más degradados actúan como esponjas tóxicas: su superficie rugosa y oxidada los convierte en excelentes atrapadores de contaminantes.
Plomo, zinc, arsénico, manganeso, cobre, hierro… todos ellos fueron detectados en concentraciones muy superiores a los niveles seguros establecidos para productos plásticos nuevos. En el caso del plomo, se hallaron niveles de hasta 40.600 μg/g, cuando la ley europea permite un máximo de 1.000 μg/g.
Portmán y Beal: herencia tóxica de la minería
Como era de esperar, las playas más contaminadas fueron Portmán y Beal, directamente afectadas por la actividad minera histórica de la Sierra Minera de Cartagena-La Unión. Los metales pesados presentes en los residuos mineros siguen llegando al mar a través de la escorrentía y el arrastre de sedimentos. Allí se encontraron los plásticos con mayores concentraciones de metales, incluyendo también muestras con altos niveles de arsénico y cadmio.
De testigos a sensores ambientales
Los investigadores proponen una idea innovadora: utilizar los plásticos encontrados en las playas como indicadores pasivos de la contaminación marina por metales. Esto permitiría un monitoreo más accesible, rápido y económico del estado ambiental de las zonas costeras.
Esta propuesta convierte un problema en una oportunidad: los residuos plásticos, en lugar de ser solo basura, podrían convertirse en aliados de la ciencia.
No todos los plásticos contaminan igual
El estudio también reveló diferencias notables según el tipo de plástico:
- Los plásticos negros y marrones, y los fabricados en poliuretano (PUR) y PVC, fueron los que más metales acumularon.
- Los plásticos más degradados (niveles 3 y 4) contenían significativamente más contaminantes.
- El color del plástico también es una pista: los colores oscuros tienden a acumular más metales. Algunos colores, como el azul o el verde, están ligados al uso de ciertos metales como pigmentos (cobre o cromo).
Esto podría servir para diseñar sistemas de identificación visual rápida de plásticos contaminantes.
Riesgo para la cadena alimentaria
El estudio advierte del riesgo de transferencia de estos metales a la fauna marina. Plásticos contaminados pueden ser ingeridos por zooplancton y organismos filtradores, lo que permitiría que los metales asciendan por la cadena trófica hasta peces, aves marinas e incluso humanos. Este aspecto convierte la contaminación por microplásticos en un problema de salud pública, además de ambiental.
El caso de Calblanque, donde se hallaron niveles de contaminación similares a zonas industriales pese a ser un espacio protegido, evidencia una verdad incómoda: las corrientes marinas hacen que la contaminación no entienda de límites ni figuras legales.
Y muy cerca de Calblanque está la contaminada bahía de Portmán. Por ese motivo, muchos expertos aseguran que cualquier intento de dragado de los residuos peligrosos de la bahía, no son meros estériles, puede provocar una nueva liberación masiva de metales pesados a la columna de agua, amplificando la exposición de organismos marinos y comprometiendo ecosistemas ya alterados.