Treinta y tres años después de la declaración del Parque Regional Cabo Cope y Puntas de Calnegre, la protección real del espacio sigue siendo una asignatura pendiente. La asociación AMACOPE (Asociación Amigos Marina de Cope) ha denunciado que el parque se está consolidando como un «paper park» -un parque de papel-, es decir, un espacio protegido solo en el nombre pero sin instrumentos legales efectivos para gestionar su biodiversidad ni sus recursos naturales.
El Parque Regional Calnegre y Cabo Cope se encuentra en el sur de la Región de Murcia, junto al mar Mediterráneo. Cuenta con una extensión de 2.665 hectáreas distribuidas entre los municipios de Lorca y Águilas. Sus límites quedan definidos por las poblaciones de Calabardina al Sur y Puntas de Calnegre al Noreste.
En un comunicado, AMACOPE respalda «sin fisuras» la postura de Ecologistas en Acción, que también ha reclamado con urgencia la tramitación del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORN), imprescindible para dotar al parque de protección jurídica y operativa real.
La respuesta del Gobierno regional, alegando en sede parlamentaria que «se están elaborando actualmente los documentos técnicos», ha sido recibida con escepticismo. AMACOPE recuerda que ya en 2013 se elaboró una propuesta de PORN, cofinanciada con fondos europeos FEDER y la propia Comunidad Autónoma. Además, en diciembre de 2020 se acordó formalmente iniciar la tramitación, y en febrero de 2021 se redactó incluso un documento previo. «A estas alturas, seguir mareando la perdiz es inaceptable», critican.
Pero no se quedan ahí. AMACOPE exige que se dé un paso más y que, atendiendo a la reciente declaración del parque como Área Importante para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA) por parte de SEO/BirdLife en febrero de este año, se declare oficialmente todo el parque como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).
Los ecologistas también advierten contra maniobras que, bajo la apariencia de actualizar normativas, buscan recortar la protección del espacio. Recuerdan que en 2017, el Ayuntamiento de Águilas, a propuesta del PP y con apoyo del PSOE, pidió al Gobierno regional que antes de aprobar el PORN se modificase la Ley 4/1992 para «redefinir el ámbito, perímetro y usos compatibles» del parque. Una estrategia que, según AMACOPE, abriría la puerta a desproteger parte del territorio.
En resumen: los ecologistas denuncian que, tras décadas de promesas, el Parque Regional Cabo Cope y Puntas de Calnegre sigue sin instrumentos legales que garanticen su conservación efectiva. Y exigen al Gobierno de Murcia que deje de dilatar el proceso y cumpla, de una vez, su responsabilidad.
Principales amenazas
Las amenazas sobre el Parque Regional de Cabo Cope y Puntas de Calnegre son tan viejas como conocidas, y siguen más vivas que nunca:
Urbanismo salvaje: La amenaza más grande siempre ha sido la construcción masiva. Hay históricos intereses urbanísticos —muy bien conectados políticamente— que ven el parque como un solar de lujo frente al mar. Especialmente en torno a la zona de Cabo Cope, donde ya hubo proyectos de macrourbanizaciones que fueron tumbados (como el famoso «Plan Marina de Cope», anulado por el Tribunal Constitucional en 2012).
Agricultura intensiva: La expansión de cultivos de regadío intensivo cerca del parque —principalmente para exportación— está robando terreno natural y aumentando la presión sobre acuíferos y biodiversidad. Más invernaderos, menos naturaleza.
Falta de protección jurídica real: El parque fue declarado en 1992, pero sin un PORN aprobado, su protección es, en la práctica, simbólica. Esto facilita que ciertos usos agresivos (urbanísticos, agrícolas o turísticos) sigan avanzando en los márgenes legales.
Accesos descontrolados: Pistas abiertas sin control, accesos a calas protegidas, uso masivo de vehículos en zonas sensibles sin regulación estricta, el impacto humano es brutal y constante.
Pérdida de biodiversidad: La falta de gestión efectiva amenaza hábitats frágiles, como los de especies endémicas, aves protegidas y flora rara. No es un parque cualquiera: es un hotspot de biodiversidad mediterránea.
Cambio climático: Como en todas las zonas litorales, la subida del nivel del mar, el aumento de las temperaturas y las sequías más prolongadas ponen en riesgo ecosistemas únicos como los saladares, los acantilados costeros y los hábitats de dunas.
Presiones políticas: Siempre que se habla de aprobar el PORN o de aumentar la protección (como ahora con la propuesta de ZEPA), saltan presiones políticas y económicas para «flexibilizar» o «ajustar» los límites y usos permitidos en el parque. Traducción: para abrir la puerta a construir o cultivar donde hoy no se puede.
Aunque la principal amenaza es la desidia institucional, que permite que, lentamente, el parque vaya siendo erosionado.