Votan contra el Mar Menor y luego lloran por su recuperación

Los vecinos exigen al Ministerio de Transición Ecológica que haga en meses lo que la política regional no ha hecho en tres décadas. Exigen acción a un Gobierno central al que, en muchos casos, desprecian políticamente. Es como atropellar a alguien con el coche y luego gritar a los médicos para que lo salven en cinco minutos

Un tuit de @MarmenorKO_ en la red X ha superado las 81.000 visualizaciones. No podría haber resumido mejor lo que sucede en la Región de Murcia con casi todo.

El Mar Menor agoniza. No es una novedad. Lleva años degradándose ante la indiferencia de quienes tienen el poder de salvarlo. Siguen entrando nitratos a la laguna mientras el Gobierno regional gasta cantidades ingentes de dinero público en retirar ova. Lo escandaloso no es que la laguna salada más grande de Europa siga en estado crítico. Lo indignante es que quienes con sus votos han contribuido a su muerte ahora exijan que el Gobierno de España que la resucite. La contradicción es tan grosera que parece sacada de una novela de humor negro.

Un tuit de la cuenta Mar Menor KO ha reventado las redes con más de 81.000 visualizaciones. El mensaje, sin filtros ni paños calientes, resume a la perfección esta paradoja: «Primero votáis en masa al PP y a la extrema derecha para que reduzcan las protecciones del Mar Menor, y luego exigís al Ministerio rapidez en su recuperación. ¡¡¡IROS A TOMAR POR CULO, GENTUZA!!!» Un exabrupto que puede incomodar, pero que destila una verdad incómoda.

Recuerden que tras la primera gran mortandad de peces, más de 55.000 personas salieron a las calles de Cartagena para exigir la protección del Mar Menor. Cuatro días después, se celebraron elecciones generales y en la Región de Murcia Vox fue el partido más votado junto con el PP. Es decir, la indignación ambiental duró lo justo para no interferir con la papeleta electoral.

Foto: Felipe G. Pagán (Ayuntamiento Cartagena)

Los datos son claros. En las últimas elecciones municipales y autonómicas, el PP y Vox arrasaron en municipios clave de la cuenca del Mar Menor: San Javier, Cartagena, Torre Pacheco, Fuente Álamo, San Pedro del Pinatar… Es decir, las mismas poblaciones que llevan décadas viendo cómo el Mar Menor se convierte en un lodazal nauseabundo, cómo la fauna marina se extingue y cómo el turismo de calidad huye.

El PP ha gobernado la Región de Murcia durante más de 30 años sin imponer medidas contundentes contra la agroindustria descontrolada, principal culpable de la contaminación de la laguna. Vox, por su parte, directamente niega el problema y quiere derogar cualquier normativa ambiental que se le cruce por delante. De hecho, se refieren a la Ley del Mar Menor como una «ley basura» y su aspiración es derogarla al dictado de la agroindustria, sin disimulos ni medias tintas.

Y pese a ello, los ciudadanos han depositado su confianza en quienes han permitido la destrucción del Mar Menor. ¿Por qué? La respuesta es compleja, pero apunta a una mezcla de desinformación, clientelismo y prioridades políticas ajenas al ecologismo. Es el fenómeno de la votación suicida: elegir a quienes perjudican tu propio entorno y, cuando la situación es insostenible, clamar por una solución milagrosa que venga de Madrid. Así viene sucediendo en la Región de Murcia desde hace muchos años.

Ahora los vecinos exigen al Ministerio de Transición Ecológica que actúe con urgencia. Que haga en meses lo que la política regional no ha hecho en tres décadas. Exigen acción a un Gobierno central al que, en muchos casos, desprecian políticamente e insultan abiertamente. Es como atropellar a alguien con el coche y luego gritar a los médicos para que lo salven en cinco minutos.

Mientras tanto, el Gobierno regional sigue sin hacer los deberes. Cinco años después de la aprobación de la Ley del Mar Menor, aún no ha aprobado el plan de ordenación territorial de la cuenca vertiente. Un documento clave para regular los usos y actividades alrededor de la laguna. Un retraso que, lejos de ser casual, responde a una estrategia de dilación que favorece a los intereses agrícolas mientras el Mar Menor sigue muriendo.

Esta es la cruda realidad del Mar Menor: víctima no solo de la codicia y la corrupción, sino también de un electorado que, en demasiados casos, vota con una mano y se lleva la otra a la cabeza cuando ve las consecuencias. Como si fueran dos personas distintas. Como si no tuvieran responsabilidad alguna.

Pero la naturaleza no entiende de papeletas ni de lealtades políticas. O se actúa con responsabilidad o no hay salvación. Y el Mar Menor, con cada alga podrida y cada pez muerto flotando en su superficie, nos está gritando la verdad que algunos aún se niegan a escuchar.

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