Murieron 13 personas. En la madrugada del 1 de octubre de 2023, las discotecas Teatre y Fonda Milagros, situadas en el polígono Atalayas de Murcia, se convirtieron en una ratonera en llamas. Un incendio voraz consumió el local en pocos minutos dejando tras de sí un edificio declarado en ruina y una sociedad preguntándose cómo pudo pasar.
La respuesta, ahora, está por escrito. La ha dado una arquitecta, Elena Bolarín Sánchez, por encargo del Juzgado de Instrucción nº3 de Murcia, dentro del procedimiento por homicidio imprudente que se instruye. Y su informe, de más de 150 páginas, es un mazazo técnico, jurídico y ético a la gestión del local. No es un documento: es una acusación con membrete profesional.
Dos discotecas, dos licencias, cero seguridad compartida
El primer hallazgo del informe desmonta la ficción de que se trataba de un único local. “Teatre y Fonda Milagros eran dos establecimientos diferentes, regentados por dos titulares distintos”, concluye la arquitecta. Y esa diferencia no es un detalle administrativo: exige, por ley, que cada uno constituya un sector de incendio independiente.
La normativa es cristalina: “Todo establecimiento debe constituir sector de incendio diferenciado del resto del edificio”. Y añade: “la resistencia al fuego de las paredes, techos y puertas que conformaban la envolvente de ambos locales, debía ser EI 90”. Es decir, 90 minutos de resistencia al fuego. ¿Existía esa separación? No. Rotundamente, no.
“No se han hallado evidencias de compartimentación REI 90 entre los dos establecimientos”, afirma la perito tras revisar planos, restos tras el incendio e inspeccionar físicamente la nave.
Y va más allá: “Tampoco parece que existiera ninguna compartimentación en la planta segunda ni en la cubierta que los separara”, lo que facilitó que las llamas saltaran de un local al otro sin encontrar oposición. Lo dice el propio informe: “De haber existido esta compartimentación, la propagación del fuego de un establecimiento al otro no se habría producido o, en caso de producirse, habría sido en tiempos superiores”.
La decoración: combustible gratis
Las imágenes del interior revelan otra negligencia alarmante. Según el informe de la Policía Nacional citado por la arquitecta: “La sala La Fonda de Milagros presenta una decoración con muchos elementos, los cuales hacen que se desarrolle el fuego a una velocidad elevada”.
No es solo un problema estético: la decoración inflamable y sin control técnico convirtió la discoteca en una bomba de relojería.
Puertas cerradas, pero no cortafuegos
Entre ambos locales había puertas, sí, pero no de seguridad. “Debieran haber sido de tipo cortafuegos EI2 45–C5, cuestión no descrita en ninguno de los proyectos existentes y que por tanto tampoco parece que se cumpliera”, recoge el informe.
Esas puertas no eran salidas de evacuación. No tenían dispositivos antipánico. En la práctica, eran simples tabiques con pomo.
Unas instalaciones que eran una autopista para el fuego
La guinda técnica del desastre está en la instalación de climatización: “Las máquinas estaban ubicadas dentro de Teatre, por lo que los conductos pasaban de un local a otro sin existir compartimentación y posibilitando el paso del fuego de un establecimiento al otro”. Para rematar: “La sala de máquinas era compartida y no disponía de separación interior”.
La instalación eléctrica y de ventilación no solo no frenó el fuego: lo guió. En palabras del informe, el edificio se comportó como una estructura pensada para alimentar las llamas.
Certificaciones inválidas y reformas ilegales
¿Y las certificaciones? Las que había no valían. Algunas databan de 2005, bajo normativas derogadas: “No sirven tampoco para acreditar la estabilidad al fuego requerida EI90 ya que se corresponden con ensayos establecidos en una legislación no vigente y menos restrictiva que la actual”.
El certificado de ignifugación presentado, firmado por la empresa Isolax, no acredita nada: “No puede establecerse equivalencia directa entre lo certificado y lo requerido actualmente”. Es decir: un papel sin valor técnico.
Por si fuera poco, parte de la fachada se reformó sin licencia. “Se abrieron grandes huecos retirando el bloque de hormigón para simular ventanales y se sustituyó por fábrica de ladrillo, sin constancia documental sobre los materiales ni el tipo de vidrio”. Un “lavado de cara” estético que debilitó aún más la resistencia al fuego.
Evacuación imposible
El informe no se queda ahí. Detalla que la sala de máquinas de climatización tenía una distancia de evacuación de 38,87 metros, cuando el máximo permitido por ley son 25 metros. Y el grupo electrógeno estaba ubicado, literalmente, en el pasillo de evacuación.
No había salida posible. “No se cumplían las condiciones establecidas en el DB–SI”, sentencia la perito.
Los falsos techos tampoco contaban con separación ignífuga: “No existía compartimentación en espacios ocultos ni en los pasos de instalaciones”, lo que favoreció aún más la propagación del incendio.
Conclusión: negligencia sistemática
No hay una única causa. Hay una concatenación de errores, incumplimientos, chapuzas y reformas sin control. Como resume la arquitecta en uno de los párrafos más devastadores del informe:
“Puede considerarse que no se habían ejecutado sobre la cubierta los trabajos de ignifugación necesarios para lograr una adecuada compartimentación entre ambos sectores. De haber existido esta compartimentación, la propagación del fuego de un establecimiento al otro no se habría producido o, en caso de producirse, habría sido en tiempos superiores”.
Murieron trece personas. Y murieron, según el informe, en un espacio que nunca debió estar operativo. Las medidas de protección no solo eran insuficientes: en muchos casos, ni siquiera existían. No fue el fuego el que mató a 13 personas. Fue la dejadez.
Las familias de las víctimas señalan al Ayuntamiento de Murcia
El demoledor informe técnico entregado por la perito judicial Elena Bolarín Sánchez ha activado una oleada de indignación entre los familiares de las víctimas del incendio de las discotecas Teatre y Fonda Milagros.
El abogado José Manuel Muñoz Ortín, que representa a tres de las familias de los fallecidos, exige que se depuren responsabilidades penales no solo contra los gestores de las discotecas, sino también contra técnicos, funcionarios y responsables políticos del Ayuntamiento de Murcia.Un edificio sin condiciones para funcionar
La acusación sostiene que el informe confirma todos los incumplimientos que ya habían denunciado previamente, y lamenta que “el juzgado no haya instruido nada al respecto hasta ahora”. Según el análisis técnico, el edificio que albergaba las discotecas no cumplía con las condiciones mínimas de seguridad exigidas por la normativa desde 2006, y ese déficit fue determinante en la rápida expansión del fuego.
«La falta de compartimentación, la propagación del fuego por el techo, la evacuación deficiente y la inacción de los responsables técnicos y administrativos contribuyeron directamente a la tragedia» señala Muñoz.
La inspección municipal realizada en marzo de 2018 (Acta 47/18) no detectó las irregularidades, pese a que ya existían denuncias previas de la Policía Local sobre incumplimientos en materia de seguridad como informó en exclusiva RRNEWS. La acusación habla directamente de “una omisión grave del deber de control administrativo”.
Petición de imputaciones a técnicos y responsables políticos
A la luz de estos hechos, el abogado José Manuel Muñoz Ortín ha solicitado al Juzgado de Instrucción nº3 de Murcia que cite como investigados:
- Al ingeniero que proyectó y certificó las obras
- A los funcionarios municipales que autorizaron la actividad y no actuaron ante los incumplimientos
- A los responsables políticos del Ayuntamiento de Murcia que permitieron que el local siguiera funcionando
“El incendio no fue un accidente inevitable, fue la consecuencia de años de negligencia y dejación de funciones”, concluye el abogado de tres de las familias. Para ellas el informe pericial es claro: la discoteca nunca debió tener licencia. Y la tragedia, con trece muertos, se podría haber evitado.