Miguel López Abad: del sarpullido sindical al pánico comunista

Si nos fiamos del análisis de López Abad, en España ya deberíamos estar viendo brigadas de obreros confiscando fábricas, agricultores sembrando colectivamente patatas en los parques públicos y empresarios huyendo en masa en pateras hacia Miami para escapar el yugo del proletariado

El presidente de la patronal murciana, Miguel López Abad, es un hombre de convicciones sólidas. Un empresario con la clarividencia de un gurú financiero y la sutileza de un martillo neumático. No hace mucho, nos iluminó con una revelación dermatológica: los sindicatos le producen urticaria. Todo un avance en el diagnóstico clínico del empresariado patrio, pues hasta ahora se pensaba que las organizaciones de trabajadores solo generaban sudores fríos y pulsaciones irregulares entre ciertos sectores de la élite empresarial.

Pero López Abad no se detiene ahí. Recientemente ha lanzado otra de sus profundas reflexiones políticas: España tiene un gobierno comunista. Así, sin anestesia. Nada de matices ni eufemismos, como quien informa de que va a llover.

Y claro, uno no puede evitar preguntarse: ¿Hablamos del mismo país? ¿De la España donde el IBEX 35 encadena récord tras récord? ¿Donde bancos y eléctricas presentan beneficios que harían sonrojar a Rockefeller? ¿Donde las multinacionales no solo no huyen despavoridas, sino que se pelean por invertir?.

Por si fuera poco, estas lúcidas declaraciones no las ha hecho en cualquier sitio, sino en un lugar emblemático de la gestión económica murciana: el aeropuerto de Corvera. Sí, ese mismo aeropuerto en el que apenas despegan aviones pero que despega dinero del bolsillo de los murcianos a velocidad de crucero. Un aeródromo tan infrautilizado que podría alquilarse como set de rodaje para películas postapocalípticas y que se ha convertido en todo un símbolo de la ineficacia de ciertos gestores.

Y aquí es donde el asunto roza el arte: un empresario quejándose de la intervención del Estado mientras está, literalmente, en un aeropuerto financiado con dinero público y con menos actividad que un chiringuito en pleno diciembre.

Si nos fiamos del análisis de López Abad, en España ya deberíamos estar viendo brigadas de obreros confiscando fábricas, agricultores sembrando colectivamente patatas en los parques públicos y empresarios huyendo en mas en pateras hacia Miami para escapar el yugo del proletariado.

La realidad, sin embargo, es un pelín diferente. Las eléctricas siguen ganando millones con facturas que parecen hipotecas, los bancos siguen cobrando comisiones hasta por respirar y los supermercados han logrado convertir el aceite de oliva en un producto de lujo.

El peligro rojo acecha

Para López Abad, la subida del salario mínimo, los impuestos a las grandes fortunas y el hecho de que el Gobierno hable con sindicatos son pruebas irrefutables de que la dictadura del proletariado está a la vuelta de la esquina. Olvidemos que la Bolsa española crece como la espuma, que los inversores extranjeros siguen apostando por el país y que el BCE, la OCDE y la Comisión Europea aplauden las reformas económicas. No, lo realmente preocupante es que en algún despacho ministerial haya alguien que piense que los trabajadores merecen cobrar un sueldo digno.

Murcia, la última trinchera contra los bolcheviques

Desde la noble Región de Murcia, bastión inexpugnable del pensamiento liberal más refinado, López Abad se erige en el último dique de contención contra la marea roja. Es un trabajo duro, pero alguien tiene que hacerlo. Mientras el resto del país vive engañado por los cantos de sirena de la socialdemocracia europea, en CROEM siguen alerta, preparados para defender con uñas y dientes los valores de la libre empresa… siempre que no implique negociar con los trabajadores, claro.

Porque aquí hay otro detalle interesante: para el presidente de la patronal murciana, los sindicatos no son interlocutores legítimos, sino agentes del caos capaces de provocarle brotes alérgicos con solo mencionar la palabra «convenio». No sorprende, pues, que su análisis político se base más en el instinto que en los datos. Porque si en 2024 aún hay empresarios convencidos de que el Gobierno de España es comunista, quizá habría que recordarles que la URSS desapareció hace más de 30 años y que el único plan quinquenal que nos afecta es el de la Comisión Europea.

Mencionar a los sindicatos en presencia de López Abad es como sacar un crucifijo en una convención de vampiros. Le basta oír la palabra para retorcerse con espasmos, como si alguien le hubiera invocado «la bicha». Sin embargo, en su cruzada contra el sindicalismo y el peligro rojo, omite convenientemente un pequeño detalle: la Región de Murcia encabeza los rankings de precariedad. A la cola de España en salarios, pensiones y productividad, con la tasa de pobreza disparada y la desigualdad creciendo a velocidad de vértigo. Pero claro, si hay algo que perturba el oasis neoliberal murciano no es que la riqueza esté peor repartida que un bocadillo en un colegio privado, sino que haya quien se atreva a sugerir que los trabajadores merecen mejores condiciones. La prioridad aquí no es reducir la pobreza, sino erradicar la presencia sindical, no vaya a ser que a alguien se le ocurra reclamar un sueldo digno en esta versión sureña del paraíso empresarial.

¿Cuál será su próximo aviso?

Con este historial de declaraciones, solo queda esperar cuál será la próxima gran advertencia de Miguel López Abad. Quizá nos diga que la subida del SMI es el primer paso hacia la nacionalización de los supermercados. O que las bajas por enfermedad atentan contra la productividad nacional. Quién sabe.

Mientras tanto, España sigue su rumbo, con un crecimiento económico envidiable, empresas batiendo récords de beneficios y un mercado laboral con cifras históricas de empleo. Todo esto, por supuesto, dentro del régimen comunista más extraño de la historia.

Pero, en fin, cuando uno ve comunistas debajo de la cama, poco importan los hechos. Lo importante es seguir denunciando el peligro, aunque sea a costa de convertir el discurso patronal en un monólogo de comedia involuntaria. Y si es en un aeropuerto sin aviones que ha costado un dineral, mejor aún. Porque pocas cosas representan mejor el neoliberalismo murciano que criticar el socialismo mientras se celebra un acto en un monumento al despilfarro público.

Que el máximo representante de los empresarios murcianos haga semejantes afirmaciones no solo es un insulto a la inteligencia, sino una muestra del nivel de análisis político y económico de quienes deberían liderar el tejido productivo regional.

Qué bochorno.

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