En un territorio donde el medio ambiente suele estar en la última fila de las prioridades políticas, la naturaleza vuelve a pedir auxilio. La asociación AMACOPE ha localizado una nueva población de Fumaria munbyi en Águilas, una planta extremadamente rara incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular Española con la categoría de «en peligro». La planta no es solo una rareza botánica: es un símbolo de resistencia en un entorno que parece haberle dado la espalda a su propio patrimonio natural.
Este hallazgo es de enorme relevancia: hasta ahora solo se conocían tres poblaciones en Europa, todas en zonas costeras del Mediterráneo —las islas Columbretes (Castellón), la isla de San Juan de los Terreros (Almería) y los roquedos del castillo de Águilas (Murcia)—. Con esta nueva localización, Águilas se convierte en el único municipio de la Europa continental donde crece esta especie, ya que las otras dos poblaciones están restringidas a islas.
La Fumaria munbyi es una planta anual, de pequeño tamaño, perteneciente a la familia de las Papaveráceas. Se caracteriza por sus hojas finamente divididas, de color verde glauco, y sus flores de un rosa pálido con puntas más oscuras, dispuestas en racimos. Florece entre marzo y mayo, y su aspecto discreto es inversamente proporcional a su valor ecológico. Su hábitat preferido son las zonas rocosas costeras y soleadas, generalmente en suelos pobres, donde compite con dificultad frente a especies invasoras y la presión humana.
Esta planta es un fósil viviente de la flora mediterránea, con una distribución mundial limitadísima a la costa noroeste de Argelia y unas pocas poblaciones europeas. Su situación es crítica: está incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular Española como «En peligro», la antesala de la extinción.
Un catálogo que no se toca desde 2003
AMACOPE exige al Gobierno de la Región de Murcia que actúe de inmediato. Reclaman que la Fumaria munbyi sea incluida en el Catálogo Regional de Flora Silvestre Protegida, un documento que lleva sin actualizarse desde 2003, a pesar de los evidentes cambios en el estado de conservación de numerosas especies en las últimas dos décadas.
También solicitan que se elabore un Plan de Recuperación específico para la especie, como ya existe para otras seis especies de flora en la región. Este tipo de planes permiten hacer un seguimiento científico riguroso, aplicar medidas de conservación tanto in situ (en el propio hábitat) como ex situ (en viveros o bancos de semillas), y asignar recursos técnicos y económicos a su supervivencia.
Microrreservas botánicas: la promesa incumplida
La asociación pone el foco también en una figura legal pendiente de activar en la Región de Murcia: las microrreservas botánicas. Este instrumento fue propuesto en 2005 gracias a un convenio entre la Universidad de Murcia y el Gobierno regional, e identificó 89 enclaves de alto valor botánico, entre ellos Cabo Cope y el castillo de Águilas. Sin embargo, en estos casi 20 años no se ha declarado ni una sola de estas microrreservas, a pesar de que comunidades como Castilla-La Mancha o la Comunidad Valenciana ya las han implantado con notable éxito.
Esta dejadez institucional no es nueva. La conservación de la flora autóctona suele quedar relegada a notas al pie o promesas sin calendario. Pero cuando una especie se pierde, no hay marcha atrás. Cada planta extinta es un fragmento de historia evolutiva que desaparece para siempre.
No es la única que resiste
Por si el panorama no fuera suficientemente grave, los roquedos del castillo de Águilas también son hogar de otra especie amenazada: la Scrophularia arguta, catalogada como “en peligro de extinción” e incluida ya en un plan de recuperación regional. Su presencia en una zona sin protección refuerza el argumento de AMACOPE: urge aplicar medidas legales concretas, no seguir acumulando diagnósticos sin tratamiento.
¿Quién protegerá lo que no se ve?
La Fumaria munbyi no tiene flores espectaculares ni produce titulares como los vertidos o los incendios forestales. Es una planta modesta, silenciosa, que sobrevive contra todo pronóstico. Pero su existencia habla de algo más profundo: la riqueza olvidada de un territorio que prefiere urbanizar que conservar, que promete protección mientras recorta recursos ambientales, y que solo actúa cuando ya es demasiado tarde.
Este nuevo hallazgo es una oportunidad para rectificar. Para que el Gobierno regional de Murcia abandone el inmovilismo y proteja lo poco que aún resiste. Porque cuando una planta única se convierte en un último refugio, no solo peligra ella: también se pone en entredicho nuestra capacidad como sociedad para cuidar aquello que nos sostiene.
El hallazgo de esta nueva población de Fumaria munbyi debería ser un motivo de orgullo y una oportunidad de rectificación. Pero sobre todo, es una llamada de socorro de la flora murciana, que resiste en silencio mientras espera decisiones políticas que no llegan.