Recientemente ha salido en prensa una noticia sobre el “vandalismo” que ha “sufrido” el símbolo fascista-falangista que hay en el Puerto de la Cadena; en él han aparecido colgadas unas figuras (da igual cuáles sean y quién las haya colgado). La noticia no es el colgado de unas determinadas figuras. La noticia es el símbolo.
Ese símbolo es un recordatorio para personas como yo; un recordatorio de que deberíamos estar muertos, o en la cárcel, o en el exilio, o pidiendo limosna después de haber sido purgados de nuestros puestos de trabajo… ¿Nuestro delito? Querer una sociedad libre, un Estado de Derecho, una sociedad plural, un mundo donde se respeten los Derechos Humanos. Ése es el delito. Ése fue el delito que cometió la Segunda República y contra la que se alzó una parte (fascista) del ejército, una parte (fascista) de la sociedad, y por supuesto la banca y el gran capital.
El hecho de que en la otra parte de Europa hubiera un amenazador gobierno comunista tampoco ayudó mucho a la República, ya que propició que, de una manera directa o indirecta, la comunidad internacional apoyara el alzamiento contra el gobierno legal y democráticamente establecido. Lo de “legal y democrático” es algo que los poderosos siempre se han pasado por el forro de los cojones. ¿Qué quería el gobierno de la República para este país? Lo que tenemos ahora en España y nadie discute: igualdad ante la ley, separación de poderes, pluralismo político, emancipación de la mujer, respeto a la diversidad… democracia, en definitiva.
Pues bien, contra ese gobierno que pretendía modernizar España y situarla a la vanguardia de las libertades después de siglos de clericalismo y atraso, se alzó la España montaraz y salvaje dispuesta a aniquilar físicamente a sus enemigos (sus propios compatriotas) para así defender los privilegios de la iglesia y los terratenientes, sin importarles un pijo lo que el pueblo hubiera manifestado en las urnas. Había poca costumbre de votar, y mucho menos de respetar lo votado.
Pues bien, se alzaron y a toda Europa le pareció muy bien que alzaran, no fuera a ser que España se convirtiese en otra Unión Soviética. Los ejércitos nacionales cometieron un genocidio allí por donde fueron pasando, diezmando (literalmente) a la población, es decir, asesinando al diez por ciento de la población por el único de delito de haberse defendido y tener un hematoma en el hombro producido por el retroceso del fusil. Por eso, o por haber votado a la república, por ejemplo.
Después de la guerra, en tiempos de paz, aún asesinaron a cuarenta o cincuenta mil personas acusadas de ¿rebelión militar?, por haber defendido a la república, el gobierno legal establecido en las urnas. No hace falta abundar más en este tema. Volvamos al símbolo. Lo que tenemos en el Puerto de la Cadena es un insulto que va mucho más allá del insulto. Es una amenaza, es una abominación… y es ilegal. El Partido de los Poderosos no lo va a quitar. El Psoe no lo quitó cuando gobernó con mayoría absoluta durante 13 años. Cuando no pueda soportarlo más iré con el tractor de mi tío, lo rodearé con una cadena, pegaré un tirón, y lo quitaré yo. Punto.