El PSRM tiene un nuevo Secretario General, Francisco Lucas, cuyo objetivo primordial es unir al Partido Socialista para así hacer frente al Partido de los Poderosos en la Región de Murcia. Esto implica que para Francisco Lucas el problema era la unidad; implica que las elecciones las hemos estado perdiendo durante 30 años por “falta de unidad”.
Se me ocurren varias cosas que decir ante este análisis. Lo primero sería preguntarle a los secretarios y secretarias generales que ha habido en el PSRM antes que Francisco Lucas qué piensan ellos y ellas al respecto. Si el problema era de desunión, en qué consistía esta desunión, qué partes eran las implicadas, por qué se produjo, y cómo es que no supieron resolverlo. Si el partido está desunido, ¿cuál es la naturaleza de la desunión, agrupaciones grandes vs. agrupaciones pequeñas? ¿O tal vez agrupaciones rurales vs. agrupaciones urbanas? ¿Es una división ideológica, militantes progresistas vs. militantes conservadores? ¿o tal vez radicales vs. moderados? Afinando más, ¿podría ser una división entre militancia preparada vs. militancia no preparada? O peor aún, ¿y si fuera una mezcla de todo? Insisto, si el problema es la división, ¿en qué consiste esta división? Mientras esto no se explique no se puede plantear ninguna estrategia de solución.
Independientemente de cuál sea la naturaleza de la desunión, algo que hay que analizar, la unión del partido solo puede conseguirse de tres maneras: una, alrededor de la figura de un líder carismático; dos, alrededor de la ideología, de la identidad ideológica; y tres, a través del enfrentamiento ante un enemigo común.
Lo primero ya sabemos que es casi imposible, y si se consiguiese, el partido pasaría a convertirse en un reinado. Esto no interesa, aparte de que ya hemos tenido otros líderes y lideresas más carismáticos que Francisco Lucas y no ha servido de nada.
La segunda opción fue la que se le planteó a la militancia desde la candidatura de Txema Almela, y ésta recibió un amplio rechazo por parte de esta misma militancia. La gente no piensa que exista un problema de identidad ideológica en el partido, a pesar de que no hay nadie absolutamente que sepa definir qué es el Socialismo.
Queda la tercera opción: criminalizar al Partido Putrefacto hasta la extenuación. Más o menos como ellos hacen con nosotros a nivel nacional. Atacar y acosar de manera inmisericorde por tierra, mar y aire. El enemigo tiene que ser terrible para que el partido primero, y la sociedad después, se unan en una causa común: acabar con el gobierno hegemónico que nos ha llevado al atraso y al subdesarrollo en España, y en Europa.
La otra cuestión que parece preocuparle a Francisco Lucas es el tema de contar con todo el talento del PSRM. Para ello ha decidido preguntar a las agrupaciones para que sean éstas las que le indiquen cuál es el talento que atesoran. El problema es que esto no funciona así. En las agrupaciones no brillan las personas más talentosas, sino las más populares. Sobresalen, si a esto se le puede llamar sobresalir, aquéllas que están en los alrededores del secretario o secretaria general. Punto. Esto no es talento, sino oportunismo.
Lo primero que tendríamos que decidir es en qué consiste el talento, y concluir por pura lógica, que el concepto de talento tiene que coincidir con lo que la sociedad entiende por talento, porque si no es así, la sociedad nunca comprenderá cómo es posible que las listas electorales estén constituidas por «los amigos de» como lo están actualmente. Un grupo de personas que, ni representan al partido, ni mucho menos a la sociedad.
Tenemos que entender que el tipo de relación que las personas establecemos entre nosotros y nosotras puede ser igualitaria, o no igualitaria. Con las personas conocidas, que tenemos a nuestros alrededor, establecemos relaciones automáticas de igualdad: es decir, nos comparamos automática e inconscientemente con quien tenemos a nuestro lado y tenemos la necesidad psicológica de salir ganando. Por eso no podemos soportar a las personas que son objetivamente mejores que nosotros y nosotras y tratamos de buscarles defectos personales que compensen los aspectos en los que salimos perdiendo con respecto a ellos.
El otro tipo de relación que establecemos típicamente es el de no igualdad, y estas relaciones las establecemos con personas a las que no conocemos personalmente. En estos casos nos gusta identificarnos con aquellos que sí aceptamos que puedan ser mejores que nosotros (porque no nos comparamos con ellos), y de hecho, queremos que sean mejores que nosotros para salir ganando al identificarnos con ellos. Es decir, cuando nos comparamos (con las personas cercanas) necesitamos salir ganando en la comparación, y cuando nos identificamos (con personas lejanas) ganamos si estas personas son sobresalientes. Un ejemplo. Todos pensamos, aunque no lo digamos, que conducimos mejor que el de al lado, pero sí aceptamos que Fernando Alonso conduzca mejor que nosotros y nosotras, porque no nos comparamos con él, sino con el de al lado. Y no solo no nos importa que Fernando Alonso conduzca mejor que nosotros o nosotras, es que además estamos encantados con ello porque nos identificamos con él, de manera que cuando mejor conduzca, más a gusto nos sentimos. Con la política es igual.
Las listas electorales tienen que estar constituidas por personas excepcionales con las que identificarnos. Pensemos que estamos hablando de dirigirnos a una población que no nos conoce y que aspiramos a que se identifique con nuestro proyecto. O la ciudadanía interpreta que la lista está constituida por personas excepcionales, o solo te votarán tus amigos. Por eso el concepto de talento tiene que coincidir con lo que la ciudadanía piensa que es talento. ¿Y qué ocurre con el talento? Que no suele estar en conciliábulos y cenáculos. Suele estar estudiando, investigando… trabajando en definitiva.
Las personas de más talento suelen ser personas poco populares, poco relacionadas, poco simpáticas. Si esperamos que sean los secretarios y secretarias generales de las agrupaciones quienes manden una lista de lo que ellos y ellas consideran que es talento (amiguismo) jamás podremos conseguir que la población general quiera identificarse con un grupo de personas preparadísimas, que es la única manera de conseguir la identificación de la ciudadanía. ¿Cómo hacerlo, pues?. Muy sencillo, mandando un Email a toda la militancia que quiera participar en la construcción del proyecto socialista para que devuelva su currículum, incluyendo todos aquellos aspectos en los que la persona en cuestión considere que puede ayudar al partido. Aquí se incluirían habilidades personales, o incluso aficiones.
Con este material habría que hacer una amplia base de datos. A partir de aquí ya podría el partido dirigirse a directamente a la militancia (no a través de las agrupaciones) y solicitar la incorporación de las personas concretas a determinados grupos de trabajo. Claro, pero surge un problema: desde el momento que el partido sepa donde está el talento, ya no podrá obviarlo. El talento adquirirá derechos y podrá reclamar, podrá exigir estar en una lista. A lo mejor éste el motivo por el que esta propuesta nunca se ha llevado a cabo, porque significaría un trasvase de poder hacia la militancia, y especialmente hacia la militancia más preparada. Esta es la propuesta que llevaba Txema Almela en su programa y fue rechazada ¡Qué miedo, Dios mío!