El proyecto de instalación de una planta de biogás en el polígono industrial de La Polvorista, en Molina de Segura, ha desatado una oleada de rechazo entre los vecinos, quienes manifiestan su preocupación por los posibles impactos ambientales y sobre la salud.
Ni las palabras del alcalde, José Ángel Alfonso Hernández, asegurando el control exhaustivo de la planta una vez entre en funcionamiento, ni las explicaciones de la empresa promotora han logrado apaciguar los ánimos de unos vecinos que anoche abarrotaron el salón de plenos del Ayuntamiento de Molina de Segura y presenciaron lo que describieron como una actitud soberbia por parte del regidor.
La reunión, convocada para tranquilizar a la población, dejó a los vecinos más indignados que calmados. José Ángel Alfonso protagonizó momentos tensos, enfrentándose con algunos asistentes, a quienes respondió de manera altiva, elevando la voz e interrumpiendo repetidamente las intervenciones de los ciudadanos que cuestionaban su gestión.

En un ambiente caldeado, las críticas vecinales se centraron en la falta de transparencia en el proceso y la ausencia de información previa a la concesión de la licencia de obras. Según los residentes, el alcalde incumplió el estatuto de participación ciudadana, privándoles de la oportunidad de opinar sobre un proyecto de tanto impacto. «Esta reunión llega meses tarde», «¿Por qué se iniciaron las obras sin el cartel reglamentario en la valla?» y «La planta beneficia a la empresa, no a los vecinos. Alcalde, detenga este proyecto porque es un problema para todos. La salud está por encima de todo» fueron algunas de las frases repetidas durante la noche.
Los vecinos, que se están organizando en una plataforma, exigieron la paralización inmediata del proyecto y su traslado a un lugar alejado de poblaciones y colegios. Denunciaron que la planta se encuentra a solo 700 metros del colegio CEU San Pablo, y algunos padres ya han advertido que retirarán a sus hijos del centro si la planta entra en funcionamiento. «Este proyecto se ha hecho con nocturnidad y alevosía», espetó una vecina cuya vivienda está a 400 metros de la planta.
El alcalde, por su parte, manifestó compartir la «desconfianza y el temor» de los vecinos, pero no supo explicar por qué no informó antes de conceder la licencia de obras el pasado mes de julio. «Me enteré de esto cuando llegó a la Junta de Gobierno en julio», afirmó. A lo que una vecina respondió: «Usted es alcalde desde 2023. Mal por no enterarse antes de lo que ocurre en su municipio».
La empresa HEYGAZ SPAIN S.L. pidió la licencia de obra el 8 de marzo. Es ahí cuando el alcalde de Molina de Segura debería haber informado a los vecinos afectados, pero optó por guardar silencio. Por otra parte resulta reveladora la premura con la que se concedió la licencia de obra. El 1 de julio ya contaban con ella a pesar de que los plazos en Molina de Segura son muchísimo más largos para vecinos y empresas.
En varias ocasiones, José Ángel Alfonso, intentando eludir su responsabilidad, señaló al anterior equipo de gobierno socialista puesto que la tramitación del proyecto arrancó en 2021. Lo hizo hasta que un vecino le recriminó que señalase una y otra vez a quien no estaba presente para poder defenderse. Y en un gesto que fue percibido como demagógico, pidió a sus técnicos que estudien la forma de hacer «un cortafuegos» para evitar «otras plantas más peligrosas» en la localidad. A lo que lo que un técnico respondió que habría que modificar el plan general de ordenación urbana.
«La confianza se ganará cuando la planta esté funcionando», dijo el alcalde, sugiriendo que el proyecto es irreversible porque cuenta con todos los parabienes ambientales de la Comunidad Autónoma; y porque la empresa se ha comprometido a firmar con el Ayuntamiento de Molina de Segura un acuerdo por el que se compromete a no expandirse ni a tratar en esa planta purines ni cadáveres de animales ni lodos residuales, aunque cuenta con autorización para ello. «¿Y si dentro de unos años llega otra empresa, compra la planta y considera ese acuerdo papel mojado? preguntó otro vecino.
«No tengáis miedo. El proyecto es seguro y sostenible. No hay riesgos para la salud de ningún tipo. La planta no va a provocar malos olores» repetía el CEO de Heygaz Spain S.L., Francisco Maza, quien explicó que la planta está dotada con un sistema de tratamiento de olores de última generación y tratará solamente residuos de la industria agroalimentaria (aguas azucaradas, vegetales y conservas…) y productos caducados en formato paletizado. También informó de que el transporte se realizará en vehículos cerrados, entre 4 y 6 camiones diarios, y que la planta no tendrá almacenamiento de residuos ni en el interior ni en el exterior.
«Si se superan los umbrales de malos olores seré yo el primero en pedir la suspensión de la actividad de la planta» llegó a decir en un momento de la noche el regidor molinense acorralado por las críticas vecinales. «¿En qué quedamos entonces: produce malos olores o no? Estar al lado de un posible tufo devaluará nuestras viviendas. El riesgo cero no existe» dijo otra vecina.
La actitud del regidor, lejos de apaciguar el malestar, ha reforzado el rechazo al proyecto y ha alimentado las críticas hacia su liderazgo en un asunto tan sensible para la comunidad.
Juristas consultados por RRNews aseguran que sí que existen fórmulas legales para detener las obras de la planta de biogás en el polígono La Polvorista. Para empezar, revisión exhaustiva del expediente por parte de los técnicos municipales para detectar errores y la modificación urgente del plan parcial.
Por su parte, el ex alcalde socialista, Eliseo García, asegura a RRNews que la empresa «jamás» negoció con él ubicación alguna. «Solo se reunieron conmigo una vez en 2021, el mes de llegar yo a la alcaldía y nunca más supe de ellos». Y añade «lo que sí hicimos nosotros fue paralizar la planta de biogás proyectada en el Fenazar».
Mata tampoco convenció
La presencia del Director General de Medio Ambiente, Juan Antonio Mata, tampoco ayudó a apaciguar los ánimos de los vecinos. Mata también aseguró que “no habrá olores” porque la Región de Murcia “es mucho más exigente que otras CCAA en la tramitación». “Total tranquilidad” repitió Mata en una región en la que los programas de vigilancia ambiental son inexistentes y la consejería de Medio Ambiente apenas dispone de personal. La falta de personal en las direcciones generales de Medio Ambiente es «dramática» denuncian los sindicatos.
Los vecinos de Molina de Segura son conscientes de la desprotección ambiental que sufre la Región de Murcia y de la irresponsable tendencia del Ejecutivo de López Miras a la desregulación en materia medioambiental. La terrible degradación que sufre el Mar Menor es la carta de presentación de un Ejecutivo que está tramitando en este momento 25 plantas de biogás en la Región de Murcia sin haber aprobado antes una normativa que regule su ubicación de tal forma que no se puedan instalar cerca núcleos de población o de colegios. Una vez más, el gobierno de López Miras llega tarde y deja solos a los alcaldes que ahora debe lidiar con la indignación y la preocupación de sus vecinos.
Protestas en San Javier
A la misma hora que el alcalde de Molina de Segura intentaba calmar a sus vecinos, el alcalde de San Javier, José Miguel Luengo, hacía lo propio con los vecinos de la pedanía de El Mirador donde se proyecta otra planta de biogás. Los vecinos temen malos olores y tráfico de camiones por la planta de biometano que pretende construir Enagás y que está en fase de evaluación ambiental por parte de la Comunidad Autónoma.
La intervención de la pedánea de el Mirador y concejal del PP en el Ayuntamiento de San Javier, Isabel Madrid, resultó reveladora al negarse a dar su opinión personal sobre la planta de biogás al ser interpelada directamente por una vecina. «Mi opinión personal me la reservo para mí» dijo
El rechazo a las plantas de biogás en muchas zonas de España se debe a una combinación de factores ambientales, sociales, económicos y de gestión. Aunque estas instalaciones pueden ser una solución sostenible para la gestión de residuos y la generación de energía limpia, también generan preocupaciones que alimentan la oposición vecinal.
Los vecinos saben que a pesar de las tecnologías modernas, las plantas de biogás a menudo generan olores debido a la descomposición de materia orgánica, lo que afecta la calidad de vida de los vecinos. Aunque las plantas suelen tener sistemas de control, existe preocupación por posibles emisiones de gases como el metano y otros compuestos volátiles, así como el riesgo de contaminación del suelo y el agua.