Falsos patriotas

Mi país no está delimitado por fronteras ni señalado en un mapa. Mi patria no es un trozo de tierra con un nombre inscrito en una bandera. Mi patria, mi verdadero hogar, son esos espacios donde se cuida, se educa, y se respeta la dignidad de las personas

Si lo que está ocurriendo en este país no es un golpe de Estado, se le parece mucho. Las derechas están intentando derrocar al legítimo Gobierno de España con tres ejércitos: el político, el mediático y el judicial. Jueces que admiten a trámite denuncias falsas y aceleran o ralentizan causas judiciales en función de la agenda política, causas generales y prospectivas contra familiares del presidente del Gobierno de España aún estando prohibidas, medios de comunicación atiborrados de dinero público que publican bulos con total descaro y discursos políticos preñados de odio y mentiras que vuelan en redes sociales.

El clima es cada vez más irrespirable. Absolutamente todo es objeto de denuncia ante los tribunales de justicia donde siempre hay un juez dispuesto a abrir diligencias aunque se trate de un puñado de recortes de periódico e informaciones falsas ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que un día un pirado pegue un tiro al presidente Sánchez? Porque, a veces, parece que es lo que se está buscando.

La esencia de la Democracia consiste en aceptar de manera pacífica la victoria del otro. Es el denominado consentimiento. En España gana quien suma más apoyos parlamentarios para formar gobierno, no quien consigue más votos en las urnas. Los derrotados en las últimas elecciones generales (PP y VOX) aún no han aceptado el resultado, se niegan a ser gobernados por el actual y legitimo Gobierno de España. Sí, legítimo Gobierno de España. Embisten, como cabestros, contra la Constitución española que tanto dicen defender. No digieren la derrota y están dispuestos a desestabilizar el Estado si con ello logran sus fines que no son otros que alcanzar el poder como sea. Intentan subvertir el orden constitucional y alterar el normal funcionamiento institucional. No se esconden. Ya lo dijo el portavoz del grupo parlamentario popular en el Congreso, Miguel Tellado, «nuestro objetivo es derrocar al gobierno».

La narrativa de «nosotros contra ellos» divide a la ciudadanía en bandos irreconciliables, dificultando el diálogo y la búsqueda de consensos. Cuando el otro es presentado como enemigo de la patria, deja de ser un rival político legítimo y pasa a ser alguien que merece desprecio, odio o incluso violencia. El odio alimenta actitudes autoritarias que debilitan los valores democráticos fundamentales, como la libertad de expresión, el respeto a las minorías y la igualdad ante la ley.

España necesita un debate político basado en argumentos, no en emociones descontroladas. La crítica es indispensable, pero debe ser constructiva, orientada a mejorar las políticas y no a destruir personas. El odio hacia Pedro Sánchez no solo es injusto, sino contraproducente: distrae de los verdaderos problemas y alimenta una cultura política tóxica que perjudica a todos los ciudadanos.

La figura de Pedro Sánchez está siendo objeto de una campaña de odio intenso y sostenido por parte de sectores de la derecha española. Este fenómeno no se limita a una crítica legítima y necesaria en democracia, sino que ha alcanzado niveles de deshumanización preocupantes. Y este ataque desproporcionado se da en un contexto paradójico: España es el país que más crece económicamente en Europa, con indicadores que muestran una recuperación y estabilidad notables tras las crisis recientes.

España se ha convertido en la locomotora de Europa con un gobierno socialista. Así lo corroboran importantes organismos internacionales. El sentimiento independentista catalán está por los suelos. La bandera de España ha vuelto a las instituciones catalanas sin armas, con votos en la urnas. El SMI acumula un aumento del 54% desde el año 2018. Entonces era de 735 euros al mes y hoy es de 1.134. Las pensiones crecen. El empleo alcanzó un nuevo récord en España durante el tercer trimestre con 21,82 millones de ocupados tras sumar 138.300 empleos en los meses de verano, unas cifras que no se habían visto ante. La tasa de paro ha caído hasta el 11,21%, la menor desde 2008. Las grandes empresas ganan más dinero que nunca. La bolsa española está disparada. España ha ganado en proyección internacional, es un país respetado. ¿Cuándo le ha ido bien a los trabajadores, a los más humildes, con el PP en el Gobierno de España?

¿Alguien puede señalar qué ha hecho Pedro Sánchez para que tanto descerebrado le desee la muerte? ¿Le odian porque logró el apoyo parlamentario de PNV, BILDU, ERC, JUNTS, CC y BNG? ¿No son acaso partidos políticos legales con representación en el Congreso porque miles de ciudadanos les han votado? ¿Acaso no está Feijóo pidiendo los votos de los «herederos de ETA» y de Puigdemont para llegar a la Moncloa mediante una moción de censura? Qué dislate, de verdad. Cuánto cinismo.

La reciente tragedia de Valencia nos ha mostrado, en pocos días, la verdadera cara de Carlos Mazón y de Alberto Núñez Feijóo, que le protege. Más allá de las lamentables consecuencias de la DANA, vemos cómo no solo se evade la responsabilidad política que debería llevar a dimisiones inmediatas, sino que se utiliza la desgracia para obtener rédito político. Peor aún, han optado por militarizar el gobierno como respuesta a su propia incompetencia mortal, dejando en evidencia su incapacidad para gestionar crisis.

Por si fuera poco, hemos sido testigos de cómo el Partido Popular de Feijóo ha maniobrado en Bruselas para evitar que una española, Teresa Ribera, fuese nombrada vicepresidenta de la Comisión Europea, anteponiendo sus intereses partidistas al bien común. En el Congreso, hemos escuchado a sus socios ensalzar la dictadura franquista, una etapa oscura y asesina de nuestra historia, y pronto veremos en el Senado a un político keniata que aboga por la cadena perpetua para los homosexuales, considerándolos «producto de Satanás». Esto ocurre mientras seguimos conmocionados por el asesinato de Samuel Ruiz, víctima de un brutal crimen homófobo.

¿De verdad creen el PP y VOX que estas acciones fortalecen España? ¿Así defienden la patria que tanto dicen venerar? Lo único que logran es perpetuar heridas históricas, dividir a la sociedad en bandos irreconciliables y lanzar mensajes peligrosos que alimentan el odio y la intolerancia. Creen, en su arrogancia, que el poder les pertenece por derecho divino, que la militarización y el autoritarismo resolverán los problemas del país.

¡Basta ya de esta deriva peligrosa! España necesita unidad, respeto y políticas responsables, no discursos que nos retrotraen a los peores capítulos de nuestra historia.

Defender la patria no significa alimentar el odio, sino proteger los valores que la hacen grande: la justicia, la igualdad, la libertad, el pluralismo político y el respeto por la diversidad. Una patria fuerte no es aquella que excluye a quienes piensan diferente, sino aquella que encuentra en su pluralidad una fuente de riqueza y cohesión.

Pontifican en nombre de la patria, pero no son patriotas

Mi país no está delimitado por fronteras ni señalado en un mapa. Mi patria no es un trozo de tierra con un nombre inscrito en una bandera. Mi patria, mi verdadero hogar, son esos espacios donde se cuida, se educa, y se respeta la dignidad de las personas. Mi patria es la sanidad pública que me cuida sin preguntar cuánto tengo en el bolsillo. Es la educación que ilumina el camino de quienes vienen detrás. Son las becas, las ayudas a la dependencia, los servicios sociales que sostienen a quienes más lo necesitan.

No hay mayor orgullo que caminar por un país donde la salud no es un lujo, sino un derecho. Donde los hospitales y centros de salud son templos de humanidad y profesionalidad. Donde una madre sabe que su hijo será atendido sin importar si tiene seguro privado o no. Mi patria es esa sanidad pública que salva vidas, que sostiene familias y que, aunque a veces está herida, nunca deja de latir.

La educación es el suelo firme sobre el que se construyen los sueños. Mi patria son esas aulas donde cada niño y niña tiene la oportunidad de aprender, sin importar si su familia vive en un ático o en un barrio obrero. Es el maestro que enseña con pasión, la biblioteca que abre sus puertas al conocimiento, la beca que garantiza que el talento no se quede en el camino por falta de recursos. En mi patria, nadie debería dejar de estudiar porque no puede permitírselo.

La dependencia no debería ser una condena ni una carga, sino una etapa de la vida donde se recibe el apoyo necesario para seguir adelante con dignidad. Mi patria son esas ayudas que llegan a las personas mayores, a las familias que cuidan a alguien con discapacidad, a quienes enfrentan la vida desde una situación de desventaja. Es la mano que sostiene cuando alguien no puede valerse por sí mismo.

Los servicios sociales son el corazón de mi país. Son el refugio para quienes atraviesan tormentas, el salvavidas que impide que alguien se hunda. Mi patria no señala con el dedo a quienes necesitan ayuda; los acoge, los acompaña, les da una oportunidad. Mi patria entiende que la pobreza no es culpa, sino un desafío que debemos afrontar juntos.

Mi patria no es perfecta, pero lucha por ser justa. Mi patria no se mide por su PIB ni por la altura de sus edificios, sino por su capacidad para cuidar a las personas. No es un país de privilegios para unos pocos, sino de derechos para todos. No es un lugar donde se compite por ser más fuerte, sino donde se tiende la mano al que se queda atrás.

No ondeo banderas de tela, sino de valores. Mi patria no está en himnos ni en desfiles, sino en los actos cotidianos que garantizan la dignidad de todos. En los médicos y enfermeras que no se rinden. En los maestros que enseñan más allá de los libros. En los trabajadores sociales que no dejan a nadie atrás.

Mi patria es el lugar donde lo importante no se compra ni se vende. Mi patria, mi país, son esas instituciones que ponen a las personas en el centro. Esa es la tierra que me enorgullece. Ese es el país que las derechas, PP y VOX, pretenden destruir al asalto con la ayuda tres ejércitos: el político, el mediático y el judicial. Si lo que está pasando en España no es un golpe de Estado, se le parece mucho. ¡Basta ya!

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