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Mamá, quiero ser tractorista

La política regional vive de espaldas a los problemas reales de nuestra autonomía, porque culpar a Madrid, Cataluña, Europa o una DANA sale más rentable; así se piensa menos y no se gestiona de verdad

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Me pregunto qué futuro desea un agricultor para sus hijos, ¿continuar su misma profesión o cambiar de disciplina? El sector primario puede ser un prisma con distintas caras, no hay más que ver el devenir tan contradictorio de este miércoles 7 de febrero.


Esta semana, durante la Fruit Logística de Berlín, el perfil institucional de la Región anunciaba un récord de exportaciones. Una buena noticia festejada por agricultores y productores al haber conseguido mayores beneficios y tonelaje que anteriores campañas; lo que contrasta enormemente con las decenas de tractores bloqueando el Puerto de la Cadena a la misma hora mientras denunciaban la “ruina” inminente. Dispar realidad de los mismos productos y en la misma cálida jornada de febrero.

Esa mañana, mi alumno más “lanzado” me preguntaba abiertamente en clase mi opinión sobre “lo de los tractoristas”. “¡Una respuesta complicada y que debe ser meditada!”, contesté. Debido a la disparidad de temas alegados por los manifestantes, improvisé una tabla con cinco o seis argumentos en la pizarra, con los que iba contestando:

1- Producir una fruta tiene muchos costes que los agricultores tienen que pagar: agua, abono, plagas, trabajadores, plantones, etcétera. Ocurre que, cuando quiere vender sus naranjas o tomates, le ofrecen un precio muy bajo por el kilogramo (0’20€/kg) pero luego lo encuentra en el supermercado a la venta por un precio mucho mayor (2’60€/kg). Su sentimiento es de haber sacrificado dinero, tiempo y esfuerzo en sacar un cultivo que luego otro (superficie comercial o intermediarios) amortiza. Trabajar para perder dinero es algo que nadie quiere, tampoco en el campo. En el asunto de la cadena comercializadora, el agricultor tiene mi apoyo total.

2-La subida de precios del gasoleo empleado por los tractores les supone un sobrecoste, como también a las familias. De acuerdo, totalmente, con los agricultores en defender su bajada.

3-La Unión Europea (UE) tiene acuerdos con países de otros continentes que quieren vender sus productos alimentarios en los países europeos. En ocasiones, los producen con menos coste y los pueden vender más baratos. Esto fue más complicado de explicar en Educación Primaria, pero recurrí también a la regulación mediante cuotas de la producción de leche y aceite para explicar el mercado común, con el ejemplo europeo. Defendí el derecho que tiene cada país de buscar el mayor rendimiento económico de su producción y, por tanto, que lo apoyaba, siempre y cuando las normativas vigentes y acuerdos lo permitiesen.

Y en éstas, llegué a temas más comprometidos, por desacuerdo o por ser ajenos al campo:

1-El uso de pesticidas se está reduciendo en los países del primer mundo. Los insectos, que son polinizadores, han visto su población mermada a nivel mundial y, además, los ecosistemas y el medio físico (aire, tierra, agua) se ven afectados por su composición química. Las alternativas son control biológico de plagas (depredadores naturales) y sustancias menos lesivas, por lo que no hay excusa para utilizar productos con gran repercusión ambiental.

2-No quise entrar, por cuestión de tiempo, en temas como la carencia de agua, un bien tan imprescindible como escaso localmente; ni tampoco en la gestión de residuos, tan mal organizada por dar cabida a continuas quemas contaminantes de restos vegetales sin fomentar alternativas testadas e inocuas como la trituración de podas, generadora de compost.

3-La Agenda 2030, por último, se basa en 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS), de ámbito mundial y acordados por decenas de países democráticos (de izquierdas, centro y de derechas) para conseguir una sociedad más equitativa, limpia y accesible para todos. Habiendo estudiado los ODS para un TFG de Turismo premiado en tres Cátedras universitarias, no puedo más que negar que sean una “causa mundial” contra la agricultura ni contra la ganadería ni contra ningún sector. De hecho, leyendo los dos primeros, “Fin de la pobreza” (ODS1) Y “Hambre cero” (ODS2), queda poco más que aclarar sobre sus “bienintencionadas” metas.

Empatizar con agricultores y ganaderos, o con cualquier otro profesional, es una necesidad para seguir progresando como sociedad. De ahí, que quisiera transmitir a mi alumnado que “no debemos opinar gratuitamente” como haría un gañán o un autoproclamado gurú, sino que debemos ser siempre críticos y analíticos.


Además, me parecía acertado aclararles que la huelga y las manifestaciones son un derecho individual (siempre y cuando se solicite autorización previa) y que, ante todo, debíamos mostrar respeto por las profesiones que han dedicado su vida a proporcionar alimentos a los demás.

A pesar de esta noble dedicación agrícola o ganadera, ningún niño ni niña parece preferir esta rama profesional, decantándose por ser arquitectas, futbolistas, médicos o youtubers.


Sin embargo, sin futuros profesionales para el sector primario no habrá nueva generación ni sostenibilidad de la actividad. Se debería procurar planificar un “plan B” regional para solventar esta papeleta, pues sin jóvenes que quieran dedicarse al campo y con una quinta parte de la población dando su voto a quiénes defienden que no haya convivencia con inmigrantes -que son nuestros actuales jornaleros-, ¿quién va a poner los plantones a 40º a la sombra y recoger la cosecha en interminables jornadas que comienzan de madrugada?

Existen numerosas contradicciones en la Región de Murcia entre lo que se quiere y lo que se puede ser a nivel económico, pero el campo con el agua parece la única carta siempre sobre la mesa. Así, ¿qué perspectiva vislumbramos si persistieran las anormales temperaturas y la continuada sequía? La Generalitat Valenciana sí acertó diversificando la producción y la ocupación con fábricas, industrias, centrales de energía, grandes proyectos turísticos, centros de negocios pujantes, empresariado con visos internacionales: Aquí, en la Región, quedó: lechugas, cerdos y … clima semidesértico.

La política regional vive de espaldas a los problemas reales de nuestra autonomía, porque culpar a Madrid, Cataluña, Europa o una DANA sale más rentable; así se piensa menos y no se gestiona de verdad. Pero gestionar significa SOLUCIONAR: sin planes estratégicos para atraer inversiones de industria y tecnología con los que salir del bucle “no tengo agua, pero sigo cultivando cada vez más”, nunca habrá credibilidad. Necesitamos una Región del siglo XXI, no un sistema pseudofeudal anacrónico.


Somos una potencia agrícola, pero no cuidamos el legado patrimonial que subyace en los ámbitos cultural, industrial e inmaterial. Desde julio de 2023, ya ni siquiera tenemos al equipo de fútbol “pimentonero”, porque la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC) ha suspendido de forma ‘temporal’ el uso de la Denominación de Origen Protegida del pimentón, ¿y cómo se llega a este extremo, por qué?

No tenemos tanto amor por la “huerta murciana” si hemos consentido la transformación de un fértil valle en una desordenada sucesión de carriles de asfalto con solares yermos, parcelas abandonadas, casoplones Deluxe y vertederos sin control. Articular un modelo de “huerta de proximidad” podría haber sido una innovación que triunfase como innovación europea y mundial de hortalizas y frutas de kilómetro cero, pero falta voluntad política para innovar, arriesgar, mejorar el paisaje y las rentas de los pequeños agricultores.


Igualmente, dejado está el ancestral campo de Cartagena. Sobran frentismo y testosterona y falta razón y pedagogía para asumir que seguir cultivando “a tope” sobre un acuífero cuaternario al que filtra todo lo plantado y regado, sólo producirá más filtrado y colmatación a las, ya petadas de contaminantes, aguas subterráneas.

Aún no se quiere entender que el Mar Menor no es un lavabo del mar Mediterráneo, sino que está íntimamente ligado al acuífero y a los efectos de las actividades sitas en su territorio. No comprender la limitación “geológica” que nos ha marcado el subsuelo para cultivar en esta comarca es un hándicap que nos sitúa, cada vez que hay un nuevo episodio contaminante, en el epicentro mundial y europeo de las “malas praxis”.

Y cuándo no hay muerte masiva o proliferación de ova (alga verde) como en un pantano, los mapas europeos de contaminación de aguas subterráneas nos subrayan en un marcado tono, sobresaliendo sobre el resto de las regiones del continente ¿es esto lo que pretendemos como marketing turístico regional para atraer comercio e inversiones? Lo dudo.


Que en el mismo telediario te hablen, en intervalo de minutos, de la bonanza de la agricultura de la Región de Murcia y de la penuria de la agricultura de la Región de Murcia es bastante clarificador de que no se está gestionando ni el territorio ni las actividades humanas. Mucha Consejería y demasiada pancarta para tan poco resultado. Es reflejo de la imagen que vendemos, mientras hablamos de la disfrazada como “mejor tierra del mundo”, las contradicciones nos desnudan en la actualidad diaria de forma constante, hiriente, dañina.


Si fui capaz de, didácticamente, explicar una manifestación no autorizada a la chavalería de doce años, sin insultar, sin señalar, sin criminalizar, sin culpabilizar, ¿por qué los políticos de mi Región no hacen lo mismo para solventar los males de agricultores y ganaderos sin tratarlos infantilmente ni dotarlos de las manidas subvenciones? Gestionar sería la mejor medicina para esta maltrecha Región.

Ante tal panorama, dudo que mis zagales espeten: “Mamá, quiero ser tractorista”. Por nadie pase.

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