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¿Murcianos de dinamita?

¿Murcianos de dinamita? Se han convertido en malaquita. Se disuelven como talco a cambio de unas verbenas y unos pasteles de carne. Reniegan de ser leones (salvo que les pongan delante el trapo de los catalanes o los rojos) y como bueyes abaten la testuz ante los caciques de siempre

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En 1937 en el fragor de la Guerra Civil, Miguel Hernández, al que el PP y Vox de Orihuela quieren volver a amordazar, compone Vientos del pueblo. Repasa los pueblos que hollan esta cainita patria. Los incita a no agachar la testuz ante el ataque de los golpistas de Franco contra el gobierno legítimo.

Leer sus versos azuza el ánimo de los que mantienen la cordura y la dignidad.

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?

murcianos de dinamita
frutalmente propagada,

hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.

La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.

Acudo una y otra vez a él, que dio a la luz su primer libro, Perito en lunas, en Murcia en 1933. Busco en su verbo, en el de Machado bálsamo al desasosiego que me corroe ante la España, la Murcia que nos obligan a sufrir.


Con inmensa nostalgia leo los versos que pontifican que los españoles son leones, toros o águilas. Que los murcianos son de dinamita. Lo que veo después de décadas del PP es que los más han humillado la cerviz. Se han convertido en bueyes, consintiendo el yugo que unas élites putrefactas e ineptas les han puesto a cambio de unos brazados de alfalfa y verbenas y procesiones a pajera abierta.

En 140 d.C. Juvenal en su Sátira X acuñó la expresión panem et circenses: condenaba que unos políticos habían diseñado un plan con el que ganarse el voto de la plebe a fuerza del clientelismo. Ofrecían comida barata y muchos espectáculos de circo (luchas de gladiadores y carreras de carros) para tener callado al populacho y seguir con sus corruptelas. Cuanto más ineptos, más juegos.

… “desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo”.

¡Cómo se nota que tanto PSOE como PP y adláteres se han esforzado por desguazar la educación​ y sajar todas las humanidades, que hacían crítico al ciudadano y con criterio propio! Sólo así pueden seguir mangoneando.

Basta echar un vistazo al delirante programa que el PP montó en las fiestas navideñas: no faltó nadie por dar el cante bajo el esperpento de “árbol” que montaron en la Redonda. No quedó coro de monjas, monaguillos o tunos que no fuera invitado. Al zagal del Palmar que parece ser bueno con las pelotas le montaron un torneo para su mera exhibición y aprovechamiento de su figura a fin de sacar panza los genares.

Daba cosa ver al alcalde capitalino, que con fuegos de artificio parecía querer apagar los fuegos de Atalayas y sus muertos. Quienes en sus tumbas y en sus familias deben de estar revolviéndose comprobando cómo nadie paga por su desidia dolosa, a pesar del hipócrita caiga quien caiga.

Observando al regidor, por la mañana uno lo podría tomar por Pepito Verbenas y por la noche por Pepito Cobetes. Lo de tener gran parte de la región asfixiada por la contaminación lo eclipsaba con espectáculos piromusicales, pastelicos de carne y roscón “gratis” (ay las recientes subidas de impuestos).


Un preocupante número de murcianos sólo posee estudios elementales y, lo más gravoso, hay una intolerable cantidad de analfabetos. Las listas de espera en dependencia son eternas. La sanidad y la educación públicas están hechas unos zorros. El Mar Menor y bastantes zonas, devastados por la especulación y la contaminación. El PP toma a la región como su cortijo. No se recata en enchufar a parientes y zanguangos que no han terminado estudios ni aportado nada a la sociedad, aparte de sobresalir como lameculos.

¿Murcianos de dinamita? Se han convertido en malaquita. Se disuelven como talco a cambio de unas verbenas y unos pasteles de carne. Reniegan de ser leones (salvo que les pongan delante el trapo de los catalanes o los rojos) y como bueyes abaten la testuz ante los caciques de siempre.

Hernádez estaba equivocado. Quien mejor nos conocía era el archenero Vicente Medina. Nos dejó bien retratados en su Cansera:

No te canses, que no me remuevo;
anda tú, si quieres, y éjame que duerma,
¡á ver si es pa siempre!… ¡Si no me espertara!
¡Tengo una cansera!..

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