El Mar Menor vuelve a aparecer en los titulares, pero no por buenas noticias. El Comité Científico de la laguna y su cuenca vertiente ha publicado un informe en respuesta a la primera solicitud formal de la recién creada Tutoría del Mar Menor de la que forman parte Teresa Vicente, Miguel Ángel Esteve y Mario Pérez Cervera.
Y el diagnóstico preocupa: picos de clorofila superiores a los registrados hace dos años, aumento de la turbidez y descenso del oxígeno disuelto. El sistema aún no ha entrado en hipoxia, pero está peligrosamente cerca del umbral que podría desencadenar un episodio crítico.
No hablamos de una hipótesis remota. Los científicos llevan años viendo cómo la laguna reacciona con fragilidad extrema ante ciertos detonantes: exceso de nutrientes, calor extremo y ausencia de amortiguadores naturales. Y hoy, la combinación perfecta para el desastre vuelve a darse.
Un informe con carácter de urgencia a petición de los tutores del Mar Menor
El documento, fechado el 1 de agosto, se ha elaborado con datos recientes del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) correspondientes a la semana del 14 al 21 de julio. Según esas mediciones y otras series históricas, el Mar Menor presenta una tendencia clara de deterioro en los últimos días de julio.
Los registros hablan por sí solos: aumento continuado de clorofila en toda la columna de agua, incremento de la turbidez en el centro de la laguna y pérdida progresiva de oxígeno. Aún no se han superado los 2-4 mg/l que definen una hipoxia, pero los valores ya se mueven en terreno de riesgo.
Los científicos son prudentes, pero no esconden la inquietud: “Nos encontramos en una situación que podría evolucionar desfavorablemente si las condiciones meteorológicas y biológicas siguen en esta línea”, advierten en su escrito.
El calor rompe el escudo natural
Entre las causas, el informe señala al calor extremo de las últimas semanas. La laguna ha alcanzado temperaturas que han frenado la fotosíntesis de su vegetación submarina dominante, la Caulerpa prolifera. Este fitobentos actúa como un filtro biológico: absorbe nutrientes que, de otro modo, alimentarían a las microalgas. Pero cuando su metabolismo se ralentiza por el calor, esos nutrientes quedan “libres” y acaban en manos -o mejor dicho, en células- del fitoplancton. Resultado: proliferaciones algales, pérdida de transparencia y menos luz llegando al fondo.
A esto se suma un problema químico inevitable en verano: el agua caliente disuelve menos oxígeno. Paralelamente, bacterias y microalgas aceleran su actividad, consumiendo aún más oxígeno y cerrando un ciclo que agota al ecosistema. Un bucle del que el Mar Menor, por su fragilidad actual, no sabe salir solo.
El Comité Científico no solo analiza la biología; también pone el foco en la falta de coordinación entre quienes miden y estudian la laguna. Los diferentes equipos de investigación coinciden en las tendencias, pero no en los valores exactos.
Las razones son técnicas: cada grupo utiliza sensores distintos, protocolos de calibrado propios y puntos de muestreo variables. Eso genera discrepancias que dificultan la comparación histórica y, en consecuencia, la toma de decisiones.
La recomendación es clara: intercalibrar equipos y unificar protocolos, siguiendo el modelo que marca la Directiva Marco del Agua. Y hacerlo rápido.
El Comité Científico sugiere incluso crear una plataforma pública con datos en tiempo real, ya que toda esta información procede de proyectos financiados con fondos públicos. Transparencia total, sin retrasos.
Nutrientes que llegan de todas partes
Aunque las entradas de nutrientes desde la cuenca vertiente parecen menores en las últimas semanas -menos aportes desde la rambla del Albujón, acuíferos y otras fuentes-, el enemigo silencioso está dentro.
En el fondo de la laguna se acumulan sedimentos ricos en materia orgánica. Cuando las bacterias los descomponen, liberan nutrientes que se reincorporan a la columna de agua. Es como si el Mar Menor tuviera una reserva interna de fertilizante dispuesta a alimentar cada proliferación de microalgas en cuanto se dan las condiciones adecuadas.
Para romper el ciclo, el Comité apunta hacia un cambio en el “jardinero” submarino de la laguna. La Caulerpa prolifera se ha mostrado vulnerable a las olas de calor. En cambio, la pradera marina Cymodocea nodosa resiste mejor las altas temperaturas previstas en el escenario de cambio climático.
Acelerar su expansión podría ser clave para devolver al ecosistema parte de su capacidad natural para mantener a raya a las microalgas.
El informe solicitado por la tutoría del Mar Menor concluye con un mensaje directo: “Las administraciones competentes deben unificar datos, normalizar métodos y poner en marcha ya sistemas de alerta rápida para reaccionar antes de que sea tarde”.
La Tutoría del Mar Menor, que ha pedido este informe como primer ejercicio de su función de vigilancia, tiene ahora un documento que no admite lectura complaciente. Porque si algo han demostrado los últimos veranos es que el Mar Menor no avisa dos veces: cuando colapsa, lo hace sin previo aviso y con consecuencias visibles durante meses.