El Mar Menor vuelve a situarse al borde del abismo ecológico. Aunque el estado de sus aguas sigue siendo, en apariencia, aceptable, el ecosistema se mantiene en un equilibrio frágil, “muy buenas condiciones pero muy amenazado”, según ha advertido este martes el catedrático de Ecología de la Universidad de Murcia, Ángel Pérez Ruzafa. “Estamos en el filo de una navaja”, ha resumido con contundencia.
Pérez Ruzafa ha presentado los resultados del estudio Estado ecológico del Mar Menor junto al consejero de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, Juan María Vázquez. En su análisis, el científico deja claro que la laguna salada “conserva su integridad ecológica” y “una gran capacidad de recuperación y de respuesta”. Pero también alerta de un escenario de alto riesgo si se combinan factores como “calmas prolongadas y un exceso de temperaturas”: el fantasma de la hipoxia -la temida caída de oxígeno disuelto- podría volver a materializarse.
Y no es un temor infundado. Este año, el Mar Menor ha alcanzado temperaturas medias de entre 31º y 32º, cifras nunca antes registradas en la serie histórica de los últimos veinte años. “Es una efeméride. Nunca habíamos visto esto. Y va a ir a peor”, ha avisado Pérez Ruzafa. El calentamiento global se impone, y ante eso -ha dicho- “podemos hacer poco”.
Lo que sí se puede hacer, y se debe hacer con urgencia, es actuar sobre el acuífero cuaternario y el nivel freático. El equipo de investigación ha insistido en que el principal foco de presión sigue siendo la entrada de agua cargada de nutrientes, especialmente a través de la rambla de El Albujón. En lo que va de año, esa entrada ha aumentado respecto a 2024, impulsada por las lluvias de marzo, que elevaron el nivel freático y activaron descargas directas a la laguna.
A pesar de todo, el informe destaca que los indicadores clave de calidad del agua -transparencia, oxígeno disuelto, clorofila y sólidos en suspensión- siguen arrojando valores positivos gracias a cuatro años de autorregulación ecológica efectiva. Pero la tendencia general no invita a relajarse. La temperatura media del mar en junio estuvo 1,2 grados por encima de la del mismo mes del año anterior, y con el verano aún por delante, el riesgo de desestabilización sigue creciendo.
Pérez Ruzafa ha llamado a la coordinación real entre el Gobierno regional y el Ministerio de Transición Ecológica. “De poco sirve que la Unesco diga que los planes son perfectos si el sistema se rompe”, ha advertido. La ciencia, una vez más, señala el camino: vigilancia constante, medidas urgentes sobre el acuífero, y menos complacencia institucional.
Mientras tanto, el Mar Menor resiste. Pero no se equivoquen: no está a salvo. Está sobreviviendo. Y eso no es lo mismo.