Correos ha puesto en circulación un nuevo sello dedicado a la Revolución Cantonal de Cartagena de 1873, una insurrección que marcó uno de los episodios más intensos y caóticos de la I República española. La emisión, incluida en la serie Efemérides, consta de una tirada limitada de 70.000 unidades y tiene un valor facial de 1,85 euros, correspondiente al franqueo de una carta o postal normalizada de hasta 20 gramos dirigida a Europa.
El sello está ilustrado con un grabado histórico que fue utilizado en su día por revistas francesas y británicas para informar sobre la revuelta, lo que da idea del eco internacional que tuvo aquel episodio. La imagen, en blanco y negro, plasma la Cartagena fortificada que se alzó contra el poder central en un momento de máxima inestabilidad política.
Una insurrección “desde abajo”
El sello no solo recuerda una efeméride: también revive una de las grandes controversias históricas del siglo XIX español. La Revolución Cantonal fue impulsada en julio de 1873 por un grupo de diputados republicanos federales “intransigentes” que, frustrados por la lentitud del proceso constituyente, decidieron proclamar la República Federal desde abajo, sin esperar la aprobación de la Constitución ni el aval del gobierno central.
El movimiento se extendió por algunas ciudades de Andalucía, Murcia, Valencia y Castilla la Vieja, con proclamaciones efímeras de cantones independientes que fueron sofocados con rapidez. Pero fue en Cartagena donde el pulso al gobierno tomó cuerpo. La ciudad, con su arsenal, su puerto fortificado y parte de la flota de guerra sublevada, se convirtió en capital del autoproclamado Cantón murciano y sede del Gobierno Provisional de la Federación Española.
Desde allí se acuñó moneda propia, se editó el periódico El Cantón murciano y se intentó extender la revolución a otras provincias, sin éxito.
Cañones contra ideales
La respuesta del gobierno central no se hizo esperar. Bajo la presidencia de Nicolás Salmerón, el ejército inició una ofensiva que culminó en un asedio feroz. A partir de noviembre de 1873, Cartagena fue bombardeada casi a diario. Se calcula que más de 27.000 proyectiles cayeron sobre la ciudad. La explosión del Parque de Artillería, el 6 de enero de 1874, fue el golpe definitivo: cientos de civiles murieron. El Cantón estaba sentenciado.
El 13 de enero, el general López Domínguez entró en Cartagena. Unos días antes, el general Pavía había dado un golpe de Estado en Madrid, marcando el principio del fin de la I República.
La revuelta cantonal, además, despertó el temor de las potencias europeas, que veían en ella una posible reedición de la Comuna de París. Varias flotas extranjeras colaboraron en el bloqueo marítimo de la ciudad.
Una bandera turca ondeando sobre Cartagena
El 12 de julio de 1873, cuando los sublevados del Cantón de Cartagena tomaron el castillo de Galeras, se toparon con un pequeño problema logístico: no tenían una bandera roja, el símbolo por excelencia de las revoluciones. Pero en tiempos de insurrección, la improvisación manda. Rebuscaron en los almacenes del arsenal y desenterraron una vieja bandera otomana. Roja, sí, pero con media luna y estrella. La izaron sin pensárselo demasiado. Desde la distancia, los soldados centralistas creyeron que los cantonales habían sido invadidos por los turcos, o algo peor. Así fue como, en plena revuelta española, Cartagena se tiñó simbólicamente de islamismo por accidente.
Cuando una ciudad se convierte en república independiente por la vía exprés, necesita más que consignas. Necesita billetes. Y Cartagena no se quedó corta: en plena Revolución Cantonal, los dirigentes locales ordenaron acuñar su propia moneda, con el escudo de la ciudad y frases tan elocuentes como «Cartagena sitiada por los centralistas». También emitieron vales, papel moneda e incluso los llamados “duros cantonales”, que hoy son piezas de coleccionismo cotizadísimas. La economía del Cantón fue tan real como efímera, como una república de bolsillo en pleno siglo XIX.
En medio del aislamiento, con Cartagena sitiada por tierra y mar, sus dirigentes no perdieron el humor ni la ambición. Roque Barcia y otros líderes cantonales enviaron una carta formal al presidente de Estados Unidos, Ulysses S. Grant, pidiéndole integrarse como estado asociado a la Unión. Cartagena aspiraba, ni más ni menos, a convertirse en el Florida del Mediterráneo. Desde Washington no respondieron, aunque algunas crónicas aseguran que prometieron “estudiar” la propuesta. De haberse aceptado, hoy estaríamos hablando del Estado 51 con caldero del Mar Menor y acento cartagenero.
La insurrección no se quedó en tierra. Los cantonales controlaban buena parte de la flota militar atracada en el puerto, y con ella llevaron a cabo expediciones navales por la costa. En agosto de 1873, el vapor Fernando el Católico, rebautizado con ironía como El Cantón, navegó hasta Águilas, Mazarrón y Almería para extender la revolución. Capturaban barcos, cobraban peajes y amenazaban con cañones desde el mar. Cartagena parecía haber vuelto a los tiempos del corso, pero con ideología republicana.
Lo que comenzó como un alzamiento federalista acabó en una tragedia de proporciones históricas. Durante el asedio final, el ejército centralista lanzó más de 27.000 proyectiles sobre Cartagena. El 6 de enero de 1874, el Parque de Artillería saltó por los aires. Fue una de las mayores explosiones urbanas del siglo: cientos de civiles murieron, y buena parte del casco urbano quedó reducido a escombros. Aún así, muchos resistieron hasta el final. Cartagena fue el último bastión del cantonalismo y el primero en caer con épica.
Donde comprar el sello
El nuevo sello se ha puesto a la venta coincidiendo con el aniversario del alzamiento. Puede adquirirse en oficinas de Correos, a través de Correos Market, o contactando con el Servicio Filatélico en el correo electrónico atcliente.filatelia@correos.com o en el teléfono 915 197 197.
Historia, pólvora y papel engomado: la Revolución Cantonal de Cartagena, 152 años después, se pasea por Europa en forma de sello.