José Ángel Antelo, diputado regional de Vox, ha decidido que lo suyo no es hacer política que mejore la vida de la gente, lo suyo es tuitear. Su última perla: Vox está recortando “gasto superfluo” para mejorar la educación. ¿Cómo? Cerrando un centro de menores, eliminando ayudas a ONGs que ayudan a inmigrantes, sindicatos, patronal y asociaciones LGTBI, y borrando cualquier rastro de la Agenda 2030 que, entre otras cosas, intenta hacer frente al imparable calentamiento global del planeta.
Todo eso, dice, para “climatizar aulas e invertir más que nunca en institutos”. Qué bonito, pero es mentira. Si hay un gasto realmente superfluo en la Región de Murcia, es el de sus propios diputados. Sin ellos, el clima social y político sería mucho menos asfixiante.
Veamos. En paralelo a este supuesto alarde de eficiencia, el gobierno murciano ha pactado con VOX una rebaja fiscal de 12 millones de euros, que suponen 8 euros por habitante al año. ¡Menudo alivio! Pero son 12 millones de euros que no entrarán en las arcas regionales, ya en estado crítico, para mejorar la sanidad, la educación o los servicios sociales.
Con esos 12 millones que dejarán de recaudarse se podrían climatizar todos los colegios de la Región de Murcia. Pero Antelo nos vende que logrará el milagro económico eliminando lo que él llama «porquería»: echando a menores inmigrantes a la calle, eso cree él que podrá hacer, denostando la Agenda 2030, renunciando al Pacto Verde Europeo, quitando dinero a las ONGs que ayudan a personas inmigrantes…
La educación como coartada
Vox agita la bandera de la educación como si fueran los nuevos ilustrados del siglo XXI. Pero lo que hay detrás es pura coartada ideológica. Mientras prometen aire acondicionado, desmontan programas de igualdad, atención a la diversidad y apoyo a alumnos vulnerables.
Y por supuesto, eliminan toda referencia a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que han permitido hasta ahora mejorar aspectos tan básicos como el acceso equitativo a recursos, la sostenibilidad ambiental en los centros o la prevención del abandono escolar.
Porque claro, todo lo que huela a modernidad, diversidad o justicia social les parece “adoctrinamiento”. Lo suyo es el ventilador, pero ideológico. En los colegios murcianos solo pueden adoctrinar los curas, en los colegios e institutos murcianos solo entran las sotanas.
Un plan sin pies ni cabeza (ni presupuesto)
Lo más preocupante no es que Vox venda humo. Lo preocupante es que haya quien lo compre. No existe ningún plan riguroso, ni memoria económica, ni evaluación de impacto que respalde sus promesas de inversión educativa. Solo hay titulares, tuits y discursos vacíos.
Y mientras tanto, la sanidad pública sigue colapsada, la educación infrafinanciada y los servicios sociales desbordados. Pero Vox celebra haber “ahorrado” dinero público a costa de colectivos vulnerables, mientras perdona impuestos. Un Robin Hood al revés.
Prometer climatización sin presupuesto es como prometer sombra en mitad del desierto. Las “tontunas de Antelo” -porque así hay que llamarlas- no son más que globos ideológicos pinchados de realidad.
Y si la política regional se resume en cerrar centros de menores, borrar a los colectivos incómodos y regalar 12 millones en impuestos, no estamos ante un gobierno austero. Estamos ante un proyecto peligrosamente vacío.
La educación no se mejora con propaganda. Se mejora con inversión real, con planificación y con sentido común. Tres cosas que, por ahora, ni Vox ni el PP no parecen dispuestos a climatizar.