Una vez más, el PP regional sale al escenario con la pancarta del trasvase Tajo-Segura desplegada como si fuera el último bastión de la dignidad murciana. Esta semana, el Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea Regional ha registrado una moción que exige la modificación “urgente” del Plan de Cuenca del Tajo. Lo hace con palabras gruesas, apelando a la épica del Levante maltratado, al “atropello” del Gobierno central y a la supuesta “arbitrariedad” de los caudales ecológicos fijados. En boca del diputado Jesús Cano, todo se resume así: el Ejecutivo de Sánchez quiere “acabar con el trasvase por la puerta de atrás”.
Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol de esta tierra sedienta: la escenificación victimista, el vocabulario inflamado, las alusiones al agravio comparativo, la advertencia del apocalipsis agrícola. El libreto es el de siempre. Lo que cambia es el nivel de cinismo con el que se interpreta. Porque mientras el PP regional brama contra el plan del Tajo y acusa al PSRM de “ponerse del lado de Sánchez”, lo cierto es que el propio PP nacional dejó completamente solo a López Miras en la defensa de su tan cacareada proposición de ley para blindar el trasvase. Feijóo ni acudió ni votó. Simplemente, desapareció del plano. Mutis por el foro. Y a eso hay que añadir, denuncia el diputado socialista, Fernando Moreno, que la ponencia política al próximo Congreso del PP ni menciona la palabra trasvase.

Y es ahí donde se revela la verdad incómoda: lo del agua y el trasvase es puro teatro. Un relato muy bien construido, sí. Emotivo, movilizador, con tintes de resistencia heroica y un enemigo claro. Pero relato al fin y al cabo. Uno que se ha utilizado durante décadas para agitar identidades, ganar elecciones y desviar la atención de la falta crónica de soluciones reales. Solo hay ruido. Mucho ruido. ¿Por qué no ha logrado López Miras incluirlo en la ponencia política? Porque ni en Castilla la Mancha ni en Aragón quieren trasvases los dirigentes del PP.
Ya basta. El trasvase no puede seguir siendo el comodín emocional con el que unos y otros manipulan a la ciudadanía. Porque detrás de cada rueda de prensa, de cada moción teatralizada, hay un campo esperando certidumbre, agua para siempre con o sin sequía.
Lo que hace falta es menos épica y más técnica. Menos relato y más gestión. Y sobre todo, una política hídrica con visión de Estado que no dependa del calendario electoral. Que garantice los recursos, que se adelante al cambio climático.
Porque el agua no entiende de ideologías, pero la sequía sí entiende de negligencias. Y aquí, todos los partidos han regado el problema con bastante hipocresía.