Los nazis vuelven a tomar Manhattan

Trump está sentando las bases de una autocracia. En 2021 no quiso dejar el poder y promovió el asalto al Capitolio, no esperen que lo ceda en 2028

El 20 de febrero de 1939, el Madison Square Garden de Nueva York fue escenario de un espectáculo inquietante. Cerca de 20.000 estadounidenses simpatizantes del nazismo se reunieron bajo la bandera del German American Bund, una organización pro-nazi establecida en Estados Unidos, para defender ideales supremacistas bajo el lema «América primero» («America First»). El lema que Donald Trump recuperó para su primer mandato.

Aquella noche, los asistentes exhibieron orgullosamente la iconografía nazi, lanzaron saludos fascistas y escucharon discursos incendiarios cargados de odio racial y nacionalismo extremo.

Las similitudes entre el pasado y el presente no son coincidencia. Tanto en 1939 como hoy, los grupos extremistas han encontrado en el discurso de exclusión y supremacía racial la justificación perfecta para la violencia y la discriminación. El saludo nazi de Elon Musk, convertido en el Goebbels del siglo XXI, no es un hecho aislado.

Tampoco lo es la última maniobra de la Casa Blanca: la difusión de vídeos con millones de visualizaciones en los que el sonido de unos grilletes tintineando contra el asfalto se presenta como si fuera contenido ASMR. Para quien no lo sepa, el ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response) es una experiencia sensorial que genera placer y relajación a través de estímulos auditivos, visuales o táctiles. En este contexto, el uso de esa estética no es un simple recurso audiovisual, sino un paso más en la deshumanización total de los migrantes deportados por el gobierno de Trump.

Pero volviendo a 1939. Aquel acto representó uno de los episodios más notorios y controvertidos del nazismo fuera de Europa. El German American Bund, fundado en 1936, era una organización que promovía el nazismo entre los estadounidenses de origen alemán. Liderado entonces por Fritz Julius Kuhn, pretendía implantar en Estados Unidos las ideas nacional-socialistas de Adolf Hitler. En su momento más álgido, la organización llegó a contar con cerca de 25.000 miembros activos.

Esvásticas gigantes junto a retratos de George Washington

La escena era impresionante y escalofriante a partes iguales: en pleno corazón de Nueva York se desplegaron banderas con esvásticas gigantes, retratos de George Washington (en un intento de apropiarse de su figura como símbolo nacionalista) y se escucharon discursos agresivos contra judíos, comunistas y contra el presidente Roosevelt.

El acto fue diseñado como una demostración de fuerza y unidad frente al supuesto peligro judío-comunista. Intentó vender una imagen de patriotismo estadounidense mezclado con la ideología nazi. El discurso más destacado fue el del propio Fritz Kuhn, quien exigió un gobierno «fiel a los principios blancos y cristianos de América». Kuhn reclamó una América «para los blancos y cristianos». Se opuso agresivamente a la inmigración y al pluralismo cultural.

«Todos ustedes han oído hablar de mí a través de la prensa controlada por los judíos», dijo, despertando los vítores de la multitud. «Ustedes, arios, nórdicos y cristianos, despierten para exigir que nuestro gobierno sea devuelto a la gente que lo fundó». El discurso fue aplaudido de manera entusiasta por miles de seguidores del Bund, uniformados con símbolos nazis mientras en el exterior decenas de miles de personas protestaban rechazando estas ideas extremistas.

100.000 personas se manifestaron en contra

Fuera del recinto, alrededor de 100.000 manifestantes antifascistas, incluyendo judíos, sindicalistas, veteranos de guerra y ciudadanos preocupados, se concentraron en señal de rechazo. Hubo duros enfrentamientos con la policía y detenciones masivas.

Este evento de 1939 marcó el principio del fin para el movimiento German American Bund. Poco después, en el mismo año, Kuhn fue arrestado y condenado por malversación de fondos. La entrada de EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial en 1941 aceleró la disolución definitiva del Bund. Y en 1945, Kuhn fue deportado a Alemania tras finalizar la Segunda Guerra Mundial.

El movimiento Bund fue olvidado en gran medida hasta 2017, cuando el director de cine Marshall Curry tropezó con las imágenes del mitin y estrenó un cortometraje titulado «A Night at the Garden».

Los nuevos arios

En pleno siglo XXI, los grupos supremacistas y fascistas no solo se multiplican, sino que han ganado visibilidad bajo el amparo indirecto de figuras políticas como Donald Trump.

El asalto al Capitolio no fue un hecho aislado: ocurrió porque Trump se negó a entregar el poder, se negó a aceptar su derrota electoral. ¿De verdad alguien cree que entregará el poder en 2028? Su estrategia es clara: desmantelar el Estado con un único propósito, instaurar una autocracia en la que su voluntad sea la única ley. Las normas y valores democráticos que han definido a Estados Unidos durante más de dos siglos están siendo desmantelados desde dentro.

Concentración de poder: un proyecto autocrático en marcha

Desde su primer mandato, Trump mostró un claro desprecio por los límites institucionales, pero en su segunda administración ha llevado esta tendencia al extremo con el llamado «Proyecto 2025». Esta iniciativa, impulsada por sectores ultraconservadores, busca desmantelar el sistema de controles y equilibrios que ha garantizado la estabilidad democrática en EE.UU., reemplazando a funcionarios de carrera con leales incondicionales y otorgando al presidente un control casi absoluto sobre el poder ejecutivo. Este modelo se asemeja a los sistemas de gobierno en Hungría o Rusia, donde los líderes han manipulado las estructuras del Estado para perpetuar su dominio.

Lo más alarmante es que esta estrategia no es improvisada ni espontánea, sino el resultado de una planificación meticulosa. La administración Trump ha aprendido de sus errores pasados y ahora está decidida a eliminar cualquier obstáculo institucional que pueda frenar su agenda. La independencia del Departamento de Justicia, la autonomía del FBI y la neutralidad de las agencias reguladoras están en la mira de un gobierno que no tolera disidencia ni controles.

El asalto a la prensa libre: una democracia sin información

Otro pilar esencial de la democracia es la libertad de prensa, pero en el actual contexto estadounidense, esta se encuentra bajo una ofensiva sin precedentes. La Casa Blanca ha tomado medidas represivas contra medios que no se alinean con su discurso oficial, como la reciente exclusión de la agencia Associated Press por no adoptar la terminología impuesta por el gobierno. Por no llamar Golfo de América al Golfo de México. Este tipo de maniobras recuerdan a regímenes autoritarios que controlan la narrativa pública mediante la censura y la presión sobre los medios de comunicación.

El mensaje es claro: cualquier medio que cuestione o desafíe la visión de Trump será castigado. Esta hostilidad hacia la prensa libre no solo limita el derecho a la información, sino que también envía una señal peligrosa a otros países donde la libertad de expresión ya está en riesgo. Si Estados Unidos, considerado durante décadas un bastión del periodismo independiente, cede ante la censura gubernamental, ¿qué pueden esperar otras naciones con democracias más frágiles?

El control de las corporaciones tecnológicas: poder y sumisión

El poder económico ha jugado un papel clave en la consolidación del autoritarismo moderno, y en este sentido, la nueva administración Trump ha logrado que gigantes tecnológicos como Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos adopten una actitud sumisa ante el gobierno. La influencia de estos magnates en la vida pública y en la circulación de la información es inmensa, y su alineamiento con refuerza el dominio del presidente sobre la opinión pública.

Plataformas como X (antes Twitter), Facebook o Amazon controlan el flujo de información digital de millones de ciudadanos, y su lealtad a Trump crea un entorno donde la manipulación mediática y la desinformación pueden proliferar sin restricciones. Este modelo recuerda al de China, donde las grandes corporaciones tecnológicas están al servicio del poder político, eliminando la frontera entre el sector privado y el Estado.

Aislamiento internacional y enfrentamiento con aliados tradicionales

En el ámbito internacional, Trump ha retomado su política de confrontación y proteccionismo, abandonando alianzas estratégicas y castigando a socios comerciales con medidas unilaterales. Su reciente amenaza de imponer aranceles a la Unión Europea en respuesta a las regulaciones sobre moderación de contenidos en redes sociales es un claro ejemplo de cómo su administración prioriza el choque sobre la diplomacia.

Esta postura no solo debilita la posición de EE.UU. en el mundo, sino que también refuerza a potencias autocráticas como Rusia y China, que se benefician del debilitamiento del bloque occidental. Mientras Europa busca establecer normas claras para combatir la desinformación y el discurso de odio en internet, la administración Trump prefiere favorecer a las grandes tecnológicas y desmantelar cualquier intento de regulación.

El peligro de la normalización del autoritarismo

Uno de los mayores riesgos de este proceso es la normalización del autoritarismo. Trump ha logrado transformar lo que antes era impensable en algo aceptado por una parte significativa de la sociedad estadounidense. El desprecio por la separación de poderes, la manipulación del sistema electoral, el ataque a la prensa y la sumisión de las élites económicas son síntomas de un sistema que se aleja de la democracia y se adentra en la autocracia.

El peligro no radica únicamente en las acciones de Trump, sino en la complicidad de aquellos que, por conveniencia o miedo, optan por no resistirse. Políticos republicanos que antaño defendían principios democráticos han cedido ante el carisma y el poder del presidente, priorizando su supervivencia política sobre la defensa de las instituciones. Este fenómeno no es nuevo en la historia: muchos regímenes autoritarios han surgido no solo por la voluntad de un líder, sino por la indiferencia o la cobardía de quienes tenían el poder de detenerlos.

¿Hacia dónde va Estados Unidos?

El futuro de la democracia en EE.UU. dependerá de la capacidad de la sociedad civil para resistir estos apetitos autoritarios. La prensa independiente, los organismos de derechos civiles, el poder judicial y la comunidad internacional tienen un papel fundamental en la defensa de los valores democráticos. Si estos actores no logran contener el avance del autoritarismo, Estados Unidos podría convertirse en un caso más de una democracia que se desmorona desde dentro.

La historia ha demostrado que ninguna democracia está a salvo del autoritarismo. La pregunta ya no es si Trump quiere convertirse en un líder autocrático, sino si las instituciones y la sociedad estadounidense están dispuestas a permitirlo.

Trump, un presidente condenado por 34 cargos intentó un golpe de Estado animando a sus seguidores a asaltar el Capitolio y su objetivo no es otro que perpetuarse en el poder, reemplazando a patriotas estadounidenses por fieles seguidores. Ya ha insinuado su intención de postularse nuevamente en 2028, a pesar de que la Constitución se lo prohíbe. No pasará mucho tiempo antes de que veamos a muchos jurar lealtad a Trump y al movimiento MAGA y no a la bandera. Y más pronto que tarde, veremos protestas en las calles, y Trump no dudará en desplegar al Ejército contra el pueblo norteameriano.

La primera reunión de su gabinete comenzó con una oración, dando «gracias a Dios por Donald Trump». Nada es casualidad. Quiere que le vean como un elegido, un enviado divino con la misión de «salvar» a Estados Unidos, colocándose por encima de la propia Constitución.

En el plano internacional, su cercanía con Putin tampoco es casualidad. Ambos comparten un desprecio profundo por la democracia y los derechos que esta protege.

Estamos siendo testigos, en tiempo real, de la destrucción de una de las democracias más antiguas del mundo. La diferencia con 1939, cuando miles de personas se plantaron en las puertas del Madison Square Garden para frenar el avance del fascismo, es que hoy no hay nadie manifestándose contras el fascismo que representa Trump.

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