“La jueza nos trata como si fuéramos nada” denuncia el padre de una de las 13 víctimas del incendio en Teatre

Mientras los informes periciales confirman graves irregularidades, no hay ni un solo político imputado. Jairo acusa a las autoridades locales de encubrir responsabilidades y a la jueza de rechazar pruebas contundentes. “Esto fue un asesinato por negligencia”, sentencia
Lady Paola y Kevin. Dos de los fallecidos en el incendio de Teatre

Jairo Antonio Correa no ha vuelto a vivir un día normal desde el 1 de octubre de 2023. Aunque el calendario avanza, su vida quedó detenida esa madrugada en la que su hija, Lady Paola, de 27 años, murió calcinada en el incendio de las discotecas Teatre y Fonda Milagros, en Murcia.

Escucha aquí la entrevista:

Desde entonces, cada mañana es una repetición de aquel día. Y cada noche, un eco de la última vez que pudo darle un beso. “Me tocó psicológicamente. Prácticamente me enfermé totalmente. Mentalmente estuve mal, tuve que seguir un tratamiento muy fuerte y todavía estoy en ello”, cuenta a RRNEWS. “No habrá algo más triste en la vida que nos haya pasado”.

Lady Paola era, para Jairo, “la mejor mujer del mundo”. Una joven noble, amante de los animales, dulce. “Era la dulzura de nuestra familia. Tenía muy bonitos sentimientos”. Vivía con él en España desde hacía unos años, y junto a su pareja, Kevin, planeaba un futuro, querían tener hijos. “Mi hija era mi despertar y mi anochecer”.

La tragedia se desencadenó a primera hora del domingo. Fue la madre de Lady Paola quien encontró un mensaje en su móvil. Un audio. “Salió desesperada a buscarme. Me dijo: ‘Jairo, mira lo que nos ha dicho la niña’. Y ahí empezó la pesadilla, que todavía no ha terminado. Yo creo que nunca va a terminar”.

Lady Paola, atrapada entre las llamas y humo, se despidió de su madre en un último intento de comunicarse. “En los últimos segundos de su vida, llamó a la persona que más adoraba en el mundo. Estaba en los últimos instantes de su vida cuando se despidió de ella”.

Con ese audio en la mano, Jairo acudió a la Guardia Civil. “Me sentí muy frustrado. Casi que se rieron de mí, como si estuviera bromeando”. Después, llamaron a la Policía de Murcia. Les dijeron que había habido un incendio, pero que no había pasado nada grave. “Que las personas habían sido evacuadas y solo había heridos”.

Pero el teléfono de Lady Paola no daba señal. Nadie contestaba. Tampoco el de Kevin. Ante el silencio, organizaron de inmediato el viaje a Murcia. “Las discotecas todavía estaban en llamas. Nos decían que no había muertos, que no había gente. Y nosotros solo pedíamos a Dios que no fuera con nosotros”.

El audio que Lady Paola fue la clave para que los equipos de rescate comenzaran a buscar con seriedad. “Ahí se encendieron todas las alertas”. Pero para entonces, la tragedia ya era irreversible.

Luego vino el silencio institucional. El informe pericial ha revelado graves irregularidades en los locales. Eran ilegales. No tenían salidas de emergencia. No cumplían con las normativas. “Me di cuenta de que el Ayuntamiento, en el mismo instante en que nosotros todavía estábamos sin reconocer los cadáveres, ya estaba buscando la manera de tapar lo que no habían hecho bien. Intentaban justificar, limpiarse las manos. Y es lo que han hecho hasta ahora”.

Jairo no perdona la actitud de la jueza ni del alcalde de Murcia, José Ballesta. “Ella, teniendo las pruebas reales, rechazó que el Ayuntamiento tuviera algo que ver. Y eso no me entra en la cabeza. Para nosotros, el principal culpable ha sido el Ayuntamiento de Murcia. Las autoridades locales. Las personas que tenían que ver con la seguridad de la ciudadanía. Esas personas ignoraron, taparon y autorizaron esas discotecas”.

La rabia ha crecido al ver que, tras las denuncias presentadas, no hay un solo político imputado. “La jueza ha desestimado totalmente nuestras denuncias. Y si un juez fuera realmente razonable, estaría apoyando a las víctimas. Nosotros somos víctimas del sistema que hay en Murcia”.

Jairo vive en España desde hace 27 años. Se siente acogido, agradecido. Pero también decepcionado. “Aquí las influencias políticas son muy grandes. Los partidos se tapan entre sí. Para mí el principal culpable de esto es el alcalde. Debería estar señalando y haciendo que se cumpla la ley. Pero no lo hace”.

Y sí, cree que el origen sudamericano de las víctimas ha influido e influye. “Bastante. Desde el primer mes, nadie sacó la cara por nosotros. Si hubiera habido víctimas españolas, las cosas habrían sido totalmente diferentes. Nuestros hijos no votaban. No importábamos”.

A todo esto, ningún propietario de las discotecas se ha puesto en contacto con ellos. Ni una llamada. “El dueño de la discoteca donde murió mi hija es de mi misma ciudad, en mi país. Y nunca me ha llamado ni para darme el pésame”.

El duelo es insoportable. Y más aún cuando no hay justicia. “Nos han destrozado totalmente la vida. No solamente por lo que le ha pasado a mi hija, que ahora está en el mejor lugar del mundo. Sino porque nosotros sí conocemos la impunidad. Nos han tratado como si fuéramos nada”.

Lo que ocurrió aquella noche no fue un accidente, insiste. Fue una cadena de negligencias. “Un asesinato por negligencia. Todas las personas que tuvieron que ver con esto son culpables de esas 13 muertes. Mi hija tenía proyectos de tener hijos. Me han roto la cadena de vida”.

En el primer aniversario de la tragedia, ni siquiera les dejaron hablar públicamente. “Yo iba con un altavoz a hablar frente al Ayuntamiento de Murcia. Y no me lo permitieron. Solo nos dejaron hablar con la prensa. Nuestros hijos no son herramientas políticas. Muchos no tenían papeles. No representaban votos”.

Cuando se le pregunta qué le diría a la jueza, Jairo responde sin titubeos: “Le diría: señora, usted también es madre, o tiene hermanos. ¿Qué haría si le pasara algo así? ¿No le parece injusto lo que está haciendo?”

Y al alcalde de Murcia: “Con todo el respeto que merece como ser humano y como padre: usted no ha dado la cara. En sus manos está que las personas que se han equivocado paguen por lo que han hecho. ¿Por qué no hace justicia?”

Jairo no confía ya en el sistema judicial español. “No confío en la ley. Me siento muy decepcionado. Siento más respeto por un policía que te da la mano que por un político o un juez”.

La reparación justa, dice, no se puede hacer. Pero al menos, quiere que se reconozca que hay culpables. “Que paguen. No porque deseemos dinero. Porque deseamos saber que quien tiene la culpa, pague. Especialmente el Ayuntamiento”.

El mensaje final que deja es claro: “A cualquiera que piense que eso no le puede pasar a su hijo, le digo que estén atentos. Que si ven algo raro en una discoteca, no entren. Nuestros hijos murieron como si los hubieran metido en un horno”.

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